critales rotos 2
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critales rotos 2
De las más de 1400 sinagogas existentes entonces en Alemania menos de 180 fueron destruidas esa noche (cerca del 13%) mientras que de los 100.000 comercios judíos unos 7.500 fueron atacados y sus lunas rotas (un 7,5%) mientras que la chusma en ocasiones era, incluso, repelida por las unidades de las SA que recibieron instrucciones de sus jefes de interponerse esa noche. Las pérdidas humanas se elevaron a 91 según dictaminó la Corte Suprema del Partido que investigó los hechos, ya que se abrió una investigación para depurar responsabilidades. En cuanto a los alrededor de 20.000 judíos de las zonas afectadas, detenidos según la historia oficial, puestos en custodia según consta en la documentación excistente en los archivos alemanes, fueron liberados poco después al cesar el peligro. (6).
No habían sido detenidos para ser ni asesinados ni deportados, tan sólo para proporcionarles cobijo y seguridad mientras se aclaraban las circunstancias. Por tanto podemos comprobar cómo se ha exagerado considerablemente en la versión oficial.
Ciertamente se produjeron excesos, pero estos estuvieron concentrados geográficamente, su mayoría en la región de Magdeburg y Hessen, y en algunas ciudades como Nuremberg o Munich, y en los centros comerciales (aunque algunas fuentes citan al campo como principal lugar donde se produjeron , lo cuál es erróneo), y en modo alguno se apoderó el pánico de la población judía alemana, como nos han hecho creer. Tampoco la población alemana participó en su conjunto en las manifestaciones y asaltos, sino que fueron grupos reducidos de alborotadores. Memorias publicadas de judíos alemanes residentes allí por esa fechas recuerdan cómo al día siguiente las clases siguieron con normalidad, ¿acaso los padres judíos habrían enviado sus hijos a las escuelas al día siguiente de haber presentido que se estaba produciendo un pogrom antijudío que pudiera hacer temer por sus vidas?
Esa noche la plana mayor del partido se hallaba reunida en la tradicional cena de camaradería conmemorativa de la marcha del 9 de noviembre (primer intento de toma del poder en 1923, una de las fechas más significativas del partido). Estando reunidos allí llegó la triste noticia del fallecimiento del diplomático, Hitler irritado decidió abandonar los festejos por no corresponder en estos momentos de amargura. Goebbels lo comunicó a la audiencia y, en un tono violento, eso sí, como era su estilo, arremetió con su tradicional carga antisemita. Sin embargo son pocos los historiadores que destacan que asimismo advirtió a los asistentes que no se dejasen llevar por los acontecimientos y que se abstuvieran de participar en manifestaciones públicas antisemitas.
Enterado de los sucesos que estaban aconteciendo esa noche, Goebbels invitó a los jefes de cada región presentes en Munich, y en especial a Viktor Lütze, jefe de las SA, a que transmitieran órdenes expresas a sus secciones para que se restableciera el orden y que, si fuera menester, incluso protegieran las propiedades judías. El mismo no podía hacerlo pues no tenía autoridad para ello ya que era tan sólo ministro de propaganda y no tenía poderes sobre el partido ni sobre las autoridades civiles ni militares. Un cercano asesor de Goebbels, el príncipe Friedrich Ch. de Schaumburg-Lippe, que estaba en Suecia por esas fechas recuerda en sus memorias cómo fue a pedir explicaciones a Goebbels de lo acontecido y cómo éste estaba sumamente iracundo por lo que podía ocasionar de perjuicio a la imagen de Alemania en el extranjero (7) Otras fuentes corroboran exactamente la misma reacción en el ministro (
.
Hitler, igualmente informado de los incidentes, mandó llamar de madrugada al jefe de la policía de Munich para que interviniese sin dilación. Igualmente ordenó a Hess remitir un télex a todas las oficinas de los gobernadores (Gauleiters) que se ha conservado. Himmler hizo lo mismo a las autoridades policiales. Ciertamente algunas secciones del partido no cumplieron órdenes, o no les llegaron a tiempo, y se vieron envueltos y llevados por el calor del momento. Esta es otra de las incógnitas ¿porqué se lanzaron a la calle si no hubo orden de sus superiores? En los procesos judiciales de desnazificación que se desarrollaron tras la guerra, en numerosos casos la participación en la Kristallnacht ha sido uno de los pilares de la acusación contra estos miembros, individuales y anónimos en la gran mayoría de los casos, pero que en la narración de los hechos nos pueden ayudar a clarificar esta pregunta: en reiteradas ocasiones se menciona la existencia de sujetos que dictaban órdenes, lideraban a los grupos de alborotadores y que después desaparecieron. Es aquí donde puede encontrarse parte de la respuesta.
¿Quienes fueron, pues, los responsables o, al menos, los beneficiarios?
Hasta hace poco se incriminó directamente, sin ruborizarse por la falta de pruebas ni los mismos nacionalsocialistas que sobrevivieron a la guerra, a Joseph Goebbels, el ministro de propaganda del Reich. Se dijo que habría organizado este pogrom y esperado una provocación para lanzar a la calle a los agitadores. Se ampararon los historiadores, entre otros aspectos, en el mensaje radiado en el que intentó justificar la ira como fruto de un sentimiento popular y que no se decidiera a condenar públicamente las manifestaciones. Dado que falleció en Berlín en 1945 nadie se molestó en comprobar la veracidad de esta incriminación. En el Tribunal de Nuremberg se intentó, desesperadamente, de forma que hasta parece que se llegó a falsificar pruebas, algo que por otro lado era muy habitual allí, buscar la orden o documento por escrito que implicara a la cúpula del partido en la organización de los sucesos. (9)
Pero esta sospecha de que el evento podía haberlo organizado Goebbels incluso planeó durante el Tercer Reich. Himmler, parece ser, se manifestó así en cierta ocasión pero sin estar demasiado seguro de su acusación y viene a demostrar la existencia de dudas que circularon entorno a este asunto de manera que ni siquiera el mismo responsable de la seguridad del Reich sabía quién era el instigador de la Kristallnacht. . ( 10)
Este es el punto verdaderamente interesante de este episodio pues nos podrá desvelar muchas incógnitas. Sabemos que no pudo ser Goebbels. La biografía de David Irving, Goebbels: Mastermind of the Third Reich, basada en el estudio de los diarios personales del ministro revelan que era absolutamente ajeno a cualquier preparación de esta jornada y que le irritó de sobremanera . (11) No tenía ni autoridad ni lo había previsto, incluso era lo más contradictorio que podía proponer en ese momento en que Alemania estaba intentando llegar a un acuerdo internacional para solventar el problema checo y la imagen de Alemania estaba bastante deteriorada de por sí. Como relata von Oven, ese año 1938 se caracterizó precisamente por una política deliberada de evitar alusiones antisemitas en los medios de comunicación, por tanto dificilmente podía interesarle a un estratega de la propaganda como era Goebbels un pogrom antijudío. Tampoco suelen los historiadores oficiales que han tratado la Kristallnacht reproducir la segunda parte del mensaje de Goebbels a la población alemana emitido la mañana del 10 de noviembre que dice, literalmente:
" Toda la población es ahora inmediatamente llamada a desistir de cualquier manifestación y acción, de cualquier naturaleza, contra los judíos. La respuesta definitiva al asesinato judío se llevará a cabo mediante la Ley " .
Creemos que el texto es suficientemente claro para que no pueda dar lugar a confusiones.
Tampoco fue Hitler ni Himmler, ambos se extrañaron que sucediera y ordenaron que remitiera inmediatamente. Ningún otro jerarca del partido tenía autoridad ni se habría atrevido sin el consentimiento de Hitler o de Goebbels, que supervisaba todo lo que tenía que ver con la propaganda del régimen. Por otro lado, no es propio, sociológicamente, del pueblo alemán este tipo de acciones colectivas. No olvidemos que los pogroms se han dado sólo en países donde la gran masa social carecía de cultura. No era el caso de Alemania. Incluso pretender que fue una manifestación o reacción del antisemitismo popular alemán, como hace Goldhagen al señalar, erróneamente, que " alemanes corrientes, de manera espontánea, sin provocación ni estímulo, participaron en las brutalidades. Incluso los jóvenes y los niños intervinieron en los ataques, algunos de ellos, sin duda, con el consentimiento de sus padres " , es desconocer el carácter alemán. (12). El antisemitismo en Alemania jamás fue violento, en el sentido físico, aunque sí en el verbal y cualquier exceso era duramente reprimido por las autoridades nacionalsocialistas. Streicher, el paradigma del antisemitismo alemán para los historiadores, fue incluso censurado y le fue retirada la autorización de hablar en público en 1940 al considerársele su tono no apropiado.
Pero entonces..., ¿Quién organizó los disturbios callejeros? La versión de la espontaneidad, dada por Goebbels en su mensaje del día 10 de noviembre, no se sostiene como tampoco fue aceptable para ellos mismos. El ministro habló varias veces en privado de la existencia de agitadores profesionales tras los grupos de alborotadores. Quizá la respuesta, o al menos quiénes eran los beneficiarios de lo acontecido, la encontremos si nos retrotraemos a un suceso acaecido en 1936, dos años antes. Este es el hilo conductor que nos llevará a una plausible respuesta al dilema.
Ese año era asesinado Wilhelm Gustloff, un alemán residente en Suiza, que dirigía la sección helvética del NSDAP. Fue asesinado por un judío alemán que inmediatamente fue defendido también por el mismo abogado que defenderá a Grynscpan. En el juicio contra el asesino de Gustloff quedó probado que el asesino no había actuado solo sino en complicidad con una poderosa organización secreta. Todas las pistas se dirigían hacia la L.I.C.A. pero el asesino no confesó. En esa ocasión el gobierno alemán, molesto, no impuso medidas excepcionales contra los judíos alemanes. Cuando Grynscpan asesinó a von Rath se pretendía, sin lugar a dudas el mismo objetivo: provocar al gobierno alemán para atacar a los judíos y así justificar una campaña antialemana por parte de los Sionistas. Pero esta vez la jugada estaba mejor preparada. Miembros de la Resistencia antinazi e, incluso judíos se puede presumir, habían organizado un plan para provocar un pogrom en Alemania coincidiendo con este asesinato. Para asegurarse que en esta ocasión iba a ser fácil disuadir a los SA, cuyo antisemitismo militante era conocido, se eligió la fecha del 9 de noviembre en que los máximos dirigentes nacionalsocialistas estarían en Munich celebrando el aniversario. La confusión y las ausencias en la cadena de mandos ayudaría a los provocadores que esperaban así una reacción internacional que pudiera derrocar a Hitler, pero, además, en caso de fracasar serviría de apoyo a los sionistas que así podrían presionar a Berlín para lograr un acuerdo ventajoso de emigración (y de deportación si hiciera falta) hacia Palestina de los judíos alemanes (lo que provocaría una reacción franco-británica que podría quizás desencadenar la guerra mundial). La doble jugada era evidente y ellos los principales beneficiarios de lo sucedido. Todo ello acorde con las usuales tácticas de los sionistas de la escuela de Jabotisnky, que no escatimaban en medios y para los cuáles incluso las vidas de sus compatriotas podían ser sacrificadas si era menester. De Jabotisnky había sido, causalmente, compañero el presidente de la L.I.C.A. (13) Un efecto inmediato de la Noche de Cristal fue, precisamente, la consecución de un acuerdo entre los sionistas y las autoridades alemanas para facilitar la emigración judía. Este acuerdo existe y se reproduce en el trabajo de Weckert como apéndice. (14)
Esta organización logró incluso, y eso demuestra la importancia que tenían sus relaciones con los servicios de seguridad alemanes, que el asesino de von Rath no fuera enjuiciado y ejecutado cuando los alemanes le capturaron en 1940 al tomar Francia. Incluso su familia fue autorizada a emigrar a Palestina, apoyada económicamente por el gobierno alemán. Grynscpan no fue gaseado sino protegido, y cuando acabó la guerra emigró a Israel. Esta supervivencia del asesino nos hace presumir que estaba bajo la protección especial de los servicios que negociaban con las organizaciones judías. Qué éstos pudieran incluso haber participado en la Kristallnacht con la finalidad de promover la emigración judía, lo desconocemos pues no hay prueba documental que así lo confirme.
Epílogo
El terrorismo con la finalidad de acusar a inocentes, de transformar la víctima en verdugo, siempre ha existido. Especialmente reiterativa esta práctica cuando se estudia la política exterior judía. No han sido pocas las voces que han señalado una mano oculta tras numerosos atentados presuntamente antisemitas que podrían haberse fraguado en las dependencias de los servicios secretos de las embajadas israelíes. (15)
La Kristallnacht es un ejemplo ilustrativo de cómo estos métodos existían incluso entonces, y como la mentira se transforma en verdad a fuerza de repetirse una y otra vez una versión preconcebida, sin detenerse a considerar la realidad de los hechos.
No habían sido detenidos para ser ni asesinados ni deportados, tan sólo para proporcionarles cobijo y seguridad mientras se aclaraban las circunstancias. Por tanto podemos comprobar cómo se ha exagerado considerablemente en la versión oficial.
Ciertamente se produjeron excesos, pero estos estuvieron concentrados geográficamente, su mayoría en la región de Magdeburg y Hessen, y en algunas ciudades como Nuremberg o Munich, y en los centros comerciales (aunque algunas fuentes citan al campo como principal lugar donde se produjeron , lo cuál es erróneo), y en modo alguno se apoderó el pánico de la población judía alemana, como nos han hecho creer. Tampoco la población alemana participó en su conjunto en las manifestaciones y asaltos, sino que fueron grupos reducidos de alborotadores. Memorias publicadas de judíos alemanes residentes allí por esa fechas recuerdan cómo al día siguiente las clases siguieron con normalidad, ¿acaso los padres judíos habrían enviado sus hijos a las escuelas al día siguiente de haber presentido que se estaba produciendo un pogrom antijudío que pudiera hacer temer por sus vidas?
Esa noche la plana mayor del partido se hallaba reunida en la tradicional cena de camaradería conmemorativa de la marcha del 9 de noviembre (primer intento de toma del poder en 1923, una de las fechas más significativas del partido). Estando reunidos allí llegó la triste noticia del fallecimiento del diplomático, Hitler irritado decidió abandonar los festejos por no corresponder en estos momentos de amargura. Goebbels lo comunicó a la audiencia y, en un tono violento, eso sí, como era su estilo, arremetió con su tradicional carga antisemita. Sin embargo son pocos los historiadores que destacan que asimismo advirtió a los asistentes que no se dejasen llevar por los acontecimientos y que se abstuvieran de participar en manifestaciones públicas antisemitas.
Enterado de los sucesos que estaban aconteciendo esa noche, Goebbels invitó a los jefes de cada región presentes en Munich, y en especial a Viktor Lütze, jefe de las SA, a que transmitieran órdenes expresas a sus secciones para que se restableciera el orden y que, si fuera menester, incluso protegieran las propiedades judías. El mismo no podía hacerlo pues no tenía autoridad para ello ya que era tan sólo ministro de propaganda y no tenía poderes sobre el partido ni sobre las autoridades civiles ni militares. Un cercano asesor de Goebbels, el príncipe Friedrich Ch. de Schaumburg-Lippe, que estaba en Suecia por esas fechas recuerda en sus memorias cómo fue a pedir explicaciones a Goebbels de lo acontecido y cómo éste estaba sumamente iracundo por lo que podía ocasionar de perjuicio a la imagen de Alemania en el extranjero (7) Otras fuentes corroboran exactamente la misma reacción en el ministro (
Hitler, igualmente informado de los incidentes, mandó llamar de madrugada al jefe de la policía de Munich para que interviniese sin dilación. Igualmente ordenó a Hess remitir un télex a todas las oficinas de los gobernadores (Gauleiters) que se ha conservado. Himmler hizo lo mismo a las autoridades policiales. Ciertamente algunas secciones del partido no cumplieron órdenes, o no les llegaron a tiempo, y se vieron envueltos y llevados por el calor del momento. Esta es otra de las incógnitas ¿porqué se lanzaron a la calle si no hubo orden de sus superiores? En los procesos judiciales de desnazificación que se desarrollaron tras la guerra, en numerosos casos la participación en la Kristallnacht ha sido uno de los pilares de la acusación contra estos miembros, individuales y anónimos en la gran mayoría de los casos, pero que en la narración de los hechos nos pueden ayudar a clarificar esta pregunta: en reiteradas ocasiones se menciona la existencia de sujetos que dictaban órdenes, lideraban a los grupos de alborotadores y que después desaparecieron. Es aquí donde puede encontrarse parte de la respuesta.
¿Quienes fueron, pues, los responsables o, al menos, los beneficiarios?
Hasta hace poco se incriminó directamente, sin ruborizarse por la falta de pruebas ni los mismos nacionalsocialistas que sobrevivieron a la guerra, a Joseph Goebbels, el ministro de propaganda del Reich. Se dijo que habría organizado este pogrom y esperado una provocación para lanzar a la calle a los agitadores. Se ampararon los historiadores, entre otros aspectos, en el mensaje radiado en el que intentó justificar la ira como fruto de un sentimiento popular y que no se decidiera a condenar públicamente las manifestaciones. Dado que falleció en Berlín en 1945 nadie se molestó en comprobar la veracidad de esta incriminación. En el Tribunal de Nuremberg se intentó, desesperadamente, de forma que hasta parece que se llegó a falsificar pruebas, algo que por otro lado era muy habitual allí, buscar la orden o documento por escrito que implicara a la cúpula del partido en la organización de los sucesos. (9)
Pero esta sospecha de que el evento podía haberlo organizado Goebbels incluso planeó durante el Tercer Reich. Himmler, parece ser, se manifestó así en cierta ocasión pero sin estar demasiado seguro de su acusación y viene a demostrar la existencia de dudas que circularon entorno a este asunto de manera que ni siquiera el mismo responsable de la seguridad del Reich sabía quién era el instigador de la Kristallnacht. . ( 10)
Este es el punto verdaderamente interesante de este episodio pues nos podrá desvelar muchas incógnitas. Sabemos que no pudo ser Goebbels. La biografía de David Irving, Goebbels: Mastermind of the Third Reich, basada en el estudio de los diarios personales del ministro revelan que era absolutamente ajeno a cualquier preparación de esta jornada y que le irritó de sobremanera . (11) No tenía ni autoridad ni lo había previsto, incluso era lo más contradictorio que podía proponer en ese momento en que Alemania estaba intentando llegar a un acuerdo internacional para solventar el problema checo y la imagen de Alemania estaba bastante deteriorada de por sí. Como relata von Oven, ese año 1938 se caracterizó precisamente por una política deliberada de evitar alusiones antisemitas en los medios de comunicación, por tanto dificilmente podía interesarle a un estratega de la propaganda como era Goebbels un pogrom antijudío. Tampoco suelen los historiadores oficiales que han tratado la Kristallnacht reproducir la segunda parte del mensaje de Goebbels a la población alemana emitido la mañana del 10 de noviembre que dice, literalmente:
" Toda la población es ahora inmediatamente llamada a desistir de cualquier manifestación y acción, de cualquier naturaleza, contra los judíos. La respuesta definitiva al asesinato judío se llevará a cabo mediante la Ley " .
Creemos que el texto es suficientemente claro para que no pueda dar lugar a confusiones.
Tampoco fue Hitler ni Himmler, ambos se extrañaron que sucediera y ordenaron que remitiera inmediatamente. Ningún otro jerarca del partido tenía autoridad ni se habría atrevido sin el consentimiento de Hitler o de Goebbels, que supervisaba todo lo que tenía que ver con la propaganda del régimen. Por otro lado, no es propio, sociológicamente, del pueblo alemán este tipo de acciones colectivas. No olvidemos que los pogroms se han dado sólo en países donde la gran masa social carecía de cultura. No era el caso de Alemania. Incluso pretender que fue una manifestación o reacción del antisemitismo popular alemán, como hace Goldhagen al señalar, erróneamente, que " alemanes corrientes, de manera espontánea, sin provocación ni estímulo, participaron en las brutalidades. Incluso los jóvenes y los niños intervinieron en los ataques, algunos de ellos, sin duda, con el consentimiento de sus padres " , es desconocer el carácter alemán. (12). El antisemitismo en Alemania jamás fue violento, en el sentido físico, aunque sí en el verbal y cualquier exceso era duramente reprimido por las autoridades nacionalsocialistas. Streicher, el paradigma del antisemitismo alemán para los historiadores, fue incluso censurado y le fue retirada la autorización de hablar en público en 1940 al considerársele su tono no apropiado.
Pero entonces..., ¿Quién organizó los disturbios callejeros? La versión de la espontaneidad, dada por Goebbels en su mensaje del día 10 de noviembre, no se sostiene como tampoco fue aceptable para ellos mismos. El ministro habló varias veces en privado de la existencia de agitadores profesionales tras los grupos de alborotadores. Quizá la respuesta, o al menos quiénes eran los beneficiarios de lo acontecido, la encontremos si nos retrotraemos a un suceso acaecido en 1936, dos años antes. Este es el hilo conductor que nos llevará a una plausible respuesta al dilema.
Ese año era asesinado Wilhelm Gustloff, un alemán residente en Suiza, que dirigía la sección helvética del NSDAP. Fue asesinado por un judío alemán que inmediatamente fue defendido también por el mismo abogado que defenderá a Grynscpan. En el juicio contra el asesino de Gustloff quedó probado que el asesino no había actuado solo sino en complicidad con una poderosa organización secreta. Todas las pistas se dirigían hacia la L.I.C.A. pero el asesino no confesó. En esa ocasión el gobierno alemán, molesto, no impuso medidas excepcionales contra los judíos alemanes. Cuando Grynscpan asesinó a von Rath se pretendía, sin lugar a dudas el mismo objetivo: provocar al gobierno alemán para atacar a los judíos y así justificar una campaña antialemana por parte de los Sionistas. Pero esta vez la jugada estaba mejor preparada. Miembros de la Resistencia antinazi e, incluso judíos se puede presumir, habían organizado un plan para provocar un pogrom en Alemania coincidiendo con este asesinato. Para asegurarse que en esta ocasión iba a ser fácil disuadir a los SA, cuyo antisemitismo militante era conocido, se eligió la fecha del 9 de noviembre en que los máximos dirigentes nacionalsocialistas estarían en Munich celebrando el aniversario. La confusión y las ausencias en la cadena de mandos ayudaría a los provocadores que esperaban así una reacción internacional que pudiera derrocar a Hitler, pero, además, en caso de fracasar serviría de apoyo a los sionistas que así podrían presionar a Berlín para lograr un acuerdo ventajoso de emigración (y de deportación si hiciera falta) hacia Palestina de los judíos alemanes (lo que provocaría una reacción franco-británica que podría quizás desencadenar la guerra mundial). La doble jugada era evidente y ellos los principales beneficiarios de lo sucedido. Todo ello acorde con las usuales tácticas de los sionistas de la escuela de Jabotisnky, que no escatimaban en medios y para los cuáles incluso las vidas de sus compatriotas podían ser sacrificadas si era menester. De Jabotisnky había sido, causalmente, compañero el presidente de la L.I.C.A. (13) Un efecto inmediato de la Noche de Cristal fue, precisamente, la consecución de un acuerdo entre los sionistas y las autoridades alemanas para facilitar la emigración judía. Este acuerdo existe y se reproduce en el trabajo de Weckert como apéndice. (14)
Esta organización logró incluso, y eso demuestra la importancia que tenían sus relaciones con los servicios de seguridad alemanes, que el asesino de von Rath no fuera enjuiciado y ejecutado cuando los alemanes le capturaron en 1940 al tomar Francia. Incluso su familia fue autorizada a emigrar a Palestina, apoyada económicamente por el gobierno alemán. Grynscpan no fue gaseado sino protegido, y cuando acabó la guerra emigró a Israel. Esta supervivencia del asesino nos hace presumir que estaba bajo la protección especial de los servicios que negociaban con las organizaciones judías. Qué éstos pudieran incluso haber participado en la Kristallnacht con la finalidad de promover la emigración judía, lo desconocemos pues no hay prueba documental que así lo confirme.
Epílogo
El terrorismo con la finalidad de acusar a inocentes, de transformar la víctima en verdugo, siempre ha existido. Especialmente reiterativa esta práctica cuando se estudia la política exterior judía. No han sido pocas las voces que han señalado una mano oculta tras numerosos atentados presuntamente antisemitas que podrían haberse fraguado en las dependencias de los servicios secretos de las embajadas israelíes. (15)
La Kristallnacht es un ejemplo ilustrativo de cómo estos métodos existían incluso entonces, y como la mentira se transforma en verdad a fuerza de repetirse una y otra vez una versión preconcebida, sin detenerse a considerar la realidad de los hechos.





