Evangelio: Lunes 3 Noviembre 2008
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Evangelio: Lunes 3 Noviembre 2008
Evangelio según San Lucas 14,12-14.
Después dijo al que lo había invitado: "Cuando des un almuerzo o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos, no sea que ellos te inviten a su vez, y así tengas tu recompensa.
Al contrario, cuando des un banquete, invita a los pobres, a los lisiados, a los paralíticos, a los ciegos.
¡Feliz de ti, porque ellos no tienen cómo retribuirte, y así tendrás tu recompensa en la resurrección de los justos!".
San Agustín (354-430) obispo de Hipona (África del Norte) y doctor de la Iglesia
Exposición sobre el salmo 121
«Te pagarán cuando resuciten los justos»
El amor tiene un gran poder; es nuestra fuerza. Si carecemos de amor, todo el resto no nos servirá de nada. «Yo podría hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles, dice el apóstol Pablo, si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden» (1C 13, 1). Escuchad seguidamente esta magnífica palabra: «Podría repartir en limosna todo lo que tengo, y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve» (v. 3). Si sólo tienes amor, aunque no puedas dar nada a los pobres, amas. Aunque no dieras más que «un vaso de agua fresca» (Mt 10,42) eso solo ya sería suficiente para obtener la misma recompensa que Zaqueo, que distribuyó la mitad de su fortuna (Lc 19,8 ) ¿Cómo puede ser esto? ¿Uno da poco, el otro mucho y sus gestos tienen el mismo precio? Pues sí –los recursos son desiguales pero el amor es el mismo...
El salmista dice: «Vamos a la casa del Señor» (Sl 121,4). Es a nosotros que nos toca ver si realmente vamos. No son nuestros pies, sino nuestros corazones los que nos conducen hasta allí. Ved si vamos hacia allá; que cada uno se pregunte: ¿Qué haces para el fiel pobre, para tu hermano indigente o para el mendigo que tiende su mano? Fíjate en si tu corazón es estrecho... «Buscad lo que construye la paz de Jerusalén» (v. 6). ¿Qué es lo que hace que haya paz en Jerusalén? «La abundancia para los que te aman» (Vulg). El salmista se dirige a Jerusalén: «Los que te aman vivirán en la abundancia» –la abundancia después del despojo. Aquí abajo, la miseria, allá arriba, la abundancia; aquí, la debilidad, allá, la fuerza; los que son pobres aquí, allá arriba serán ricos. ¿De donde les viene su riqueza? De haber dado aquí los bienes, recibidos de Dios, que poseían por un tiempo; allá reciben lo que Dios les da por toda la eternidad.
Hermanos míos: aquí los ricos son los pobres; es bueno que el rico descubra su pobreza. ¿Se cree que está lleno? Es hinchamiento, no plenitud. Que reconozca su vaciedad para poder ser colmado. ¿Qué es lo que posee? Oro. ¿Qué es lo que todavía le falta? La vida eterna. Que mire bien lo que tiene y reconozca lo que le falta. Hermanos, que dé lo que posee a fin de recibir lo que no tiene.
Hoy la Iglesia celebra : San Martín de Porres, Beato Felipe de Nicosia
San Martín de Porres
San Martín de Porres es muy popular en toda América. No sólo ejerce el atractivo que han ejercido siempre los sencillos cuando el Señor ha querido glorificarlos, sino que su misma persona constituye todo un símbolo.
Nacido en Lima (Perú) como hijo natural de un caballero español y de una mulata en 1579, representa entre los santos a los «coloured men» del Nuevo Mundo, a ese pueblo de gentes de color que se ven dolorosamente humillados por su condición de negros.
Era Martín enfermero cuando entró como terciario laico en el convento de Dominicos de Lima, en el que fue recibido a la profesión (1603) siguió ejerciendo su profesión dentro del convento para con sus hermanos. El cuidado que ponía por los enfermos se extendía aun a los animales: perros, gatos, pavos, y aun ratones, eran objeto de su solicitud. A Martín le agradaba el ayuno y la oración: sobre todo el orar de noche, a ejemplo de Jesús. En la oración obtenía grandes luces que hacían maravillosas sus lecciones de catecismo.
Su vida entera, oculta y radiante a un mismo tiempo se desarrolló dentro de un mundo lleno de ángeles y demonios en el que Martín conservó siempre una perfecta serenidad. Murió en 1639.
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Oremos
Señor, Dios nuestro, que llevaste a San Martín de Porres a la gloria celestial, por medio de una vida escondida y humilde, concédenos seguir de tal manera sus ejemplos, que merezcamos, como él, ser llevados al cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Beato Felipe de Nicosia
Benedicto XVI inscribe en el catálogo de los santos a Felice de Nicosia (1715-1787) se propondrá a la Iglesia universal el ejemplo de este auténtico sabio en las cosas de Dios y de su Espíritu, a pesar de su condición analfabeta.
Fray Felice, «comprendió que el secreto de la vida, capaz de abrir y de iluminar cualquier acontecimiento, no consiste en indicar con fuerza a Dios nuestra voluntad, sino en hacer siempre gozosamente la suya» Le permitió ver siempre, en cualquier lugar, y a pesar de todo, a Dios y su amor, particularmente donde es más difícil divisarle».
Bautizado con los nombres de Filippo Giacomo, el futuro santo nació en Nicosia (Sicilia) fruto del matrimonio entre Filippo Amoroso y Carmela Pirro el 5 de noviembre de 1715, cuando aún no se había cumplido un mes de la muerte de su padre.
Como la mayor parte de los chavales pobres sicilianos de la época, no tuvo oportunidad de ir a la escuela. Sin embargo la proximidad del convento de los Capuchinos le dio la posibilidad de frecuentar su comunidad.
«A los 18 años llamó a la puerta del convento para ser acogido como hermano lego», y comenzaron a sucederse las negativas. Pero «él no dejó de repetir muchas veces su petición, no se cansó y no buscó otros caminos», encarnado «una vocación no fácil, probada, madurada, ampliamente ponderada y deseada», recuerda su postulador.
Tras una década de espera fue acogido en la Orden de los Frailes Menores Capuchinos con el nombre de Felice de Nicosia, donde permaneció «toda la vida pasando a ser en la ciudad una presencia de espiritualidad enraizada en la población», añade.
Fray Felice «atravesaba cada día las calles llamando tanto a los palacios de los ricos, invitándoles a compartir su bienestar, como a las humildes moradas de los pobres para ofrecerles su consuelo en las necesidades diarias», cuenta.
Daba siempre las gracias, tanto cuando se le daba algo como si se le rechazaba, diciendo con dulzura: «Sea por amor de Dios».
Durante más de cuarenta años ofreció su servicio de mendicante realizando un apostolado itinerante. «Analfabeto, tuvo la ciencia de la caridad y de la humildad», recordó el cardenal José Saraiva Martins, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, al promulgarse el decreto del milagro atribuido a su intercesión en abril pasado.
Con todo, fray Felice no carecía de formación cristiana, apunta la biografía distribuida por la Santa Sede. «Sediento» de la Palabra de Dios, el futuro santo todo lo que no podía aprender leyendo la Escritura lo hacía con la memoria y la firme volunta de nutrir siempre su alma. Por eso se esforzaba por asimilar los pasajes bíblicos y libros que se leían en el refectorio del convento, y aprovechaba toda ocasión de oír predicaciones en las iglesias de Nicosia.
Comentando los rasgos de la santidad del hermano lego, su postulador le describe: «Atento sólo a dejarse invadir y llenar por Dios, va inmediatamente al corazón de las cosas, a la raíz de la vida, donde todo se recompone en su armonía original», un proceso que «no requiere mucha ciencia» ni «muchas palabras», sino que «basta la sabiduría esencial del corazón donde habita, habla y actúa el Espíritu Santo».
«Sabiduría que fray Felice no sólo conocía, sino que sobre todo vivía. Para él todo existía en Dios, fuente de vida, armonía y paz. Y más allá de Dios verdaderamente no existía ya nada, o nada que contara realmente. En Dios había apostado todo», «su vida fue una vida aparentemente hecha de nada y en cambio capaz de transformar todo en el Todo», añade el padre Tessari.
Devoto de Jesús Crucificado, fray Felice contemplaba cada viernes la Pasión y muerte del Señor.
Tuvo un culto especial a la Eucaristía. Horas pasaba ante el Sagrario, incluso después de duras jornadas.
El hermano lego, quien también veneró con ternura a la Madre de Dios, murió el 31 de mayo de 1787. Fue beatificado por León XIII el 12 de febrero de 1888.







