Evangelio: Sábado 15 Noviembre 2008
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Evangelio: Sábado 15 Noviembre 2008
Sábado de la XXXII semana del Tiempo Ordinario
Evangelio según San Lucas 18,1-8.
Después Jesús les enseñó con una parábola que era necesario orar siempre sin desanimarse:
"En una ciudad había un juez que no temía a Dios ni le importaban los hombres;
y en la misma ciudad vivía una viuda que recurría a él, diciéndole: 'Te ruego que me hagas justicia contra mi adversario'.
Durante mucho tiempo el juez se negó, pero después dijo: 'Yo no temo a Dios ni me importan los hombres,
pero como esta viuda me molesta, le haré justicia para que no venga continuamente a fastidiarme'".
Y el Señor dijo: "Oigan lo que dijo este juez injusto.
Y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que claman a él día y noche, aunque los haga esperar?
Les aseguro que en un abrir y cerrar de ojos les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?".
San Basilio (hacia 330-379), monje y obispo de Cesarea, en Capadocia, doctor de la Iglesia
Homilía 5
«Jesús decía... que es preciso orar siempre»
Es preciso que no restrinjas tu oración a la sola petición en palabras. En efecto, Dios no necesita que se le hagan discursos; sabe, aunque no le pidamos nada, lo que nos hace falta. ¿Qué hay que decir a esto? La oración no consiste en fórmulas: engloba toda la vida. «Por tanto, ya comáis, ya bebáis, dice el apóstol Pablo, o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios.» (1C 10,31). ¿Estás en la mesa? Ora: al tomar el pan, agradece a quien te lo ha concedido; bebiendo el vino, acuérdate del que te ha hecho este don para alegrar tu corazón y solazar tus miserias. Acabada la comida, no te olvides de tu bienhechor. Cuando te pones la túnica, agradece al que te la ha dado; cuando te pones tu manto, muestra tu afecto a Dios que nos provee de vestidos adecuados para el invierno y para el verano, y para proteger nuestra vida.
Acabado el día, agradece a aquel que te ha dado el sol para trabajar durante el día y el fuego para iluminar la noche y proveer nuestras necesidades. La noche te da motivos para la acción de gracias; mirando el cielo y contemplando la belleza de las estrellas, ora al Señor del universo que ha hecho todas las cosas con tanta sabiduría. Cuando contemplas a la naturaleza dormida, adora a aquel que con el sueño nos alivia de todas nuestras fatigas y, a través de un poco de descanso, devuelve el vigor a nuestras fuerzas.
Así orarás sin descanso, si tu oración no se contenta con fórmulas y si, por el contrario, te mantienes unido a Dios a lo largo de toda tu existencia, de manera que hagas de tu vida una incesante oración.
Hoy la Iglesia celebra : San Alberto Magno
San Alberto Magno
Durante los años 1245 a 1248, un dominico bávaro que había cursado sus estudios en Padua, el Maestro Alberto de Lavingen, enseñaba en París en el Monte de Santa Genoveva, siendo el más entusiasta de sus seguidores un joven Hermano de su propia Orden, Tomás de Aquino, nacido al pie de Monte Casino.
El espíritu universal de Alberto franqueaba a la juventud estudiantil, llegada de todos los países, un mundo nuevo: el de la física de Aristóteles, ilustrada por sus intérpretes judíos y árabes. El profesor parisino pasaría después a Colonia, a donde le siguió Tomás.
Más tarde se le acumularon los cargos. Siendo Provincial de Teutonia (1254), entró en discusión, junto al franciscano Buenaventura, para la defensa del derecho de las Ordenes Mendicantes a enseñar en las Universidades. En 1260, fue designado como obispo de Ratisbona, pero al cabo de dos años se desligó de un cargo para el que no se sentía capacitado. Volvió a sus estudios, residiendo sucesivamente en Wurzburgo, Estrasburgo y Colonia. Moriría en esta última ciudad en 1280. Se cree que contaba por entonces setenta y cuatro años.
San Alberto Magno supo «conciliar sabiduría humana y fe divina», tanto en la investigación como en la enseñanza. Por eso sigue siendo un maestro para cuantos quieran aprender «por medio del progreso de las ciencias» a «conocer mejor al Señor y amarle más»
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nota
El Misterio de la Eucaristía es demasiado grande "para que alguien
pueda permitirse tratarlo a su arbitrio personal, lo que no
respetaría ni su carácter sagrado ni su dimensión universal". Quien
actúa contra esto, cediendo a sus propias inspiraciones, aunque
sea sacerdote, atenta contra la unidad substancial del Rito romano,
que se debe cuidar con decisión, y realiza acciones que de ningún
modo corresponden con el hambre y la sed del Dios vivo, que el
pueblo de nuestros tiempos experimenta, ni a un auténtico celo pastoral,
ni sirve a la adecuada renovación litúrgica, sino que más bien
defrauda el patrimonio y la herencia de los fieles. Los actos arbitrarios
no benefician la verdadera renovación, sino que lesionan el
verdadero derecho de los fieles a la acción litúrgica, que es expresión
de la vida de la Iglesia, según su tradición y disciplina. Además,
introducen en la misma celebración de la Eucaristía elementos de
discordia y la deforman, cuando ella tiende, por su propia naturaleza
y de forma eminente, a significar y realizar admirablemente la comunión
con la vida divina y la unidad del pueblo de Dios.
Redemptoris Sacramentum, n. 11







