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 Heroicas mujeres catalanas mártires en guerra civil

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krasnibor
CAMARADA CAMISA NUEVA
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MensajeTema: Heroicas mujeres catalanas mártires en guerra civil   Vie 7 Oct - 9:33:08

La heroica mujer catalana durante la persecución religiosa en Cataluña (1936-1939)
Por Francesc A. Picas Pons



La heroica mujer catalana durante la persecución religiosa en Cataluña (1936-39) (II) (07/10/2011)
El santo obispo Irurita rodeado de niños y mujeres


Ejemplos de mujeres valerosas

He aquí algunos de los ejemplos recopilados. Dolors Barti era una criada de buen ver, de Figueras, valiente como las heroínas bíblicas. Tenía 19 años. Intentó barrar la puerta del piso a los esbirros del comité rojo de Figueras cuando se presentaron para detener a Mn. Lluís de Macià. Los milicianos la precipitaron zafiamente por las escaleras y la asesinaron camino de Vilafreser, después de insultos y vejaciones que da vergüenza explicar.

Podemos imaginarnos el dolor y la indignación de los padres y familiares de Dolors y de algunos de sus jóvenes amigos, por el crimen cometido contra una joven simpática y audaz, que aquella tarde subió derecha al Cielo por el atajo del martirio.

Mosén Lluís fue también detenido y asesinado en el castillo de Figueras. Fue uno de los once sacerdotes mártires de la Fe de la capital ampurdanesa.

También la figuerense Sara Jordà dedicó una admirable actividad caritativa en aquellos años aciagos. Se infiltró en centros oficiales de Gerona para obtener documentación falsa, firmas y sellos, que entregaba a personas perseguidas para salvarlas de la muerte, y organizaba expediciones para hacerles atravesar por las montañas, camino de Francia. Descubierta la red, Sara fue detenida y fusilada en los Fosos de Santa Elena de Montjuich con otras 6 mujeres y 57 hombres. Fue condenada a muerte por el Tribunal de Alta Traición y eso quiere decir que para aplicar la sentencia fue necesario el visto bueno del presidente de la Generalitat republicana, Lluís Companys. La hija de la heroica Sara, la joven Maria Rosa Tutau, consiguió gracias a unas influencias llegarse a la presencia de Companys para implorarle el indulto. El presidente le contestó: “Para los traidores no hay piedad”. La asesinaron el 11 de agosto de 1938.

Lluís Companys en julio de 1936 hizo fusilar 199 militares de graduación de general a teniente, de los que se sublevaron en Barcelona el 19 de julio y fracasaron. Companys no se acordó que cuando él se levantó en armas el 6 de octubre de 1934 y fracasó, fue condenado a muerte, pero una larga lista de personalidades catalanas que no eran de su partido político, pero caritativas y amantes de la paz, pidieron a las autoridades de Madrid la anulación de la pena de muerte a Companys y lo consiguieron.

Entre las primeras firmas que pidieron el indulto a Companys en 1934 figuraba la del obispo de Barcelona, Monseñor Manuel Irurita. Con tristeza recordamos que nuestro prelado, un obispo pacífico, cuyas únicas armas eran el evangelio y los rosarios, habiendo pasado sólo dos años, en diciembre de 1936, fue asesinado en el cementerio de Montcada por las milicias armadas que Companys había legalizado el 20 de julio de 1936, en la Revolución anarco-marxista.

Centenares de esposas barcelonesas también lloraron la muerte de sus maridos a manos de aquellos comandos, victimas de la Revolución roja. Muchos de ellos, como el obispo Irurita, habían pedido en 1934 el indulto para Companys.

Cuando él le negó el indulto a Maria Rosa Tutau para su madre, no se imaginaba que él mismo cuatro años más tarde sería fusilado.

Rambla Sara Jordà


Sará Jorda tuvo el honor que acabada la guerra civil, el municipio figuerense, en homenaje a su heroína, impusiese su nombre a la popular y atractiva Rambla de su ciudad durante 40 años. Con la llegada de la “democracia” un alcalde socialista borró su nombre de la Rambla.

Es necesario recordar a Mercedes Saontoaín Puig familiar de un religioso marista, funcionaria del Ayuntamiento de Barcelona, maestra municipal, empleada del Comité de Abastos. Gracias a su posición consiguió muchos salvoconductos que permitieron a ciudadanos perseguidos poder circular “legalmente” por Barcelona. Entre otros afortunados citaremos a Trifón Lacuza, antiguo director de un colegio marista.

Maria del Tura Roure i Castanyer de Olot, en un libro muy emotivo y de edición agotada, nos explica que su madre y ella, con su otra hermana, alimentaban y escondían a los religiosos de la ciudad y de otras poblaciones. Ayudaban a los fugitivos, los alimentaban con el pan de sus bocas y los acompañaban al bosque donde eran recogidos por guías que los conducían a la frontera. Finalmente fueron denunciadas y encarceladas.


Salvoconducto de la Generalitat

Leonor Rabell i Jué fue una joven barcelonesa modelo de caridad. La persecución religiosa truncó su vocación de monja de clausura. Llena de fe y entusiasmo, en aquellos días fatídicos, de dedicó al Auxilio Blanco o sea, a esconder y ayudar a sacerdotes, religiosos, religiosas y cristianos perseguidos por su Fe. Denunciada por asistir a misa en pisos francos, es decir clandestinos, fue llevada a la checa durante un año y medio. A la entrada de los nacionales nunca quiso denunciar a sus delatores, que bien conocía, movida por el perdón cristiano. Prometió mientras estaba en la checa, que en el caso de sobrevivir dedicaría toda su vida hasta la muerte a obras de apostolado. Y así lo hizo como miembro de las Conferencias de San Vicente de Paúl.

Antoni Mollet , mecánico de Gerona, significado católico, fue asesinado por el Comité de Salt. Era viudo y dejó 6 hijos. El mayor tenía 13 años. El comité gerundense los quería embarcar hacia Rusia, como hicieron como muchos niños españoles, pero la tía de los niños que los cuidaba, cuando lo supo, con mucha valentía, cogió a las criaturas y de noche las subió al tren y las llevó con los abuelos de Valencia. Aquí tenéis una gerundense atrevida y valiente.

Castillo de S. Fernando-Figueras


Mosén Enric Puig era el joven vicario de La Junquera. El párroco anciano y enfermo, en el mes de julio de 1936, no quiso moverse de la casa parroquial. Mn. Enric tenía miedo ante las noticias de los crímenes que se explicaban. El comité rojo había usurpado el templo y quemado altares e imágenes. El cura párroco, Mn Josep Major, dijo al coadjutor que marchase si tenía miedo pues él se las apañaría solo. Mosén Enric se refugió en Figueras en casa de su tía. Esta señora, una mujer fuerte y cristiana, le mandó que volviese a La Junquera a hacer compañía al párroco enfermo pues ese era su deber. A los pocos días detuvieron a ambos sacerdotes y los asesinaron en el Castillo de San Fernando. A Mn. Enric lo torturaron arrancándole los ojos. Su tía era una santa: prefirió un sobrino mártir a un cobarde.

Una chica, cuyo nombre no sé, salvó de la muerte al vicario de Puig-reig Mn. Balaguer haciéndose por su prometida. El Comité había amenazado de muerte al sacerdote si no se casaba. Mn. Balaguer a los pocos días de hacer la pantomima, huyó por los bosques de Solsona, atravesó la frontera de Andorra y se hizo capellán del ejército nacional. Este era el camino de todos los sacerdotes que huyeron de la persecución y de la muerte.

Mosén Balaguer, en los años de paz, acabada la persecución religiosa, fue un excelente sacerdote en la zona minera de Fígols en el Bergadán.







En memoria de mi madre y de las mil madres de familia que lloraron amargamente la ruina de los templos y la destrucción de imágenes en aquel mes de julio de 1936.

Francesc A. Picas Pons
(Presidente honorario de Regina Martyrum)



La heroica mujer catalana durante la persecución religiosa en Cataluña (1936-39) (I) (30/09/2011)
¡Oh mujeres catalanas! ¡Oh mujeres de nuestra tierra! ¡Nuestras amas de casa rurales! ¡Las valerosas y audaces mujeres cristianas! Merecen nuestra mayor admiración y nuestros más altos elogios por las ayudas que procuraron a sacerdotes, padres de familia y jóvenes perseguidos a causa de su Fe. ¡Se jugaban la vida! Los recogían, los escondían, los alimentaban, les lavaban la ropa, los protegían con audacia y les hacían llegar el pan ázimo para ser consagrado. Era la fortaleza de los mártires.

La mujer catalana constituye una parte muy importante de la Iglesia del silencio. Las familias cristianas rezaban diariamente el santo rosario con las puertas cerradas, impetrando la paz y la libertad. La historia de la Iglesia de las catacumbas demuestra que la Fe de los catalanes era viva y llena de esperanzas.

El 20 de julio de 1936 se implantó en la zona republicana de España, una revolución violenta anarco-marxista que comportó la ruina económica, cultural y social de la sociedad civil y la destrucción inhumana de la religión cristiana. Usurparon y profanaron todos los templos de Cataluña. A partir de aquel momento en Cataluña ya no se pudieron celebrar misas ni actos de culto en ninguna iglesia hasta finales de enero o principios de febrero de 1939 con la entrada de las tropas nacionales, cuando la pseudo-República fue expulsada de España.

Uno de los colectivos que más sufrió por la destrucción de los templos fue el de las madres de familia catalanas. En aquellos santos lugares habían bautizado a sus hijos, habían hecho su primera comunión, con toda ilusión se habían casado y también celebrado las exequias por la muerte de sus familiares. ¿Con qué derecho legal y humano destruyeron los templos de Dios? ¿Cómo se atrevieron a deshacer todo su valor artístico y cultural? ¿Dónde estaban la democracia y los derechos humanos que proclamaban aquellos comandos de granujas que con su comportamiento ultrajaron los principales valores de Cataluña?

La consigna revolucionaria de aquella nefasta revolución del 36 incluía la persecución criminal de sacerdotes, religiosos e hijos del pueblo, fieles y seguidores de la Iglesia. Cinco obispos fueron asesinados en tierras catalanas en aquellos tres años, y miles de sacerdotes, religiosos y seglares. Algunos de ellos incluso torturados de forma inhumana. Fueron treinta y dos meses de persecución religiosa en los que la sangre martirial regó la tierra catalana.

Puertas de la Catedral de Barcelona ardiendo (para más información...)


Misión de la mujer catalana

Los sacerdotes y cristianos perseguidos que consiguieron escapar de la muerte, buscaron refugio clandestinamente en los pueblos o en las ciudades, en casa de parientes, amigos y familias fieles a la Fe. Fue durante aquellos capítulos históricos en los que los sacerdotes y cristianos tuvieron que refugiarse lejos de su casa para librarse de la muerte, cuando la mujer catalana tuvo una actuación caritativa y heroica digna de ser recordada. Muchos sacerdotes se refugiaban en masías y las señoras de la casa los acogían, los alimentaban y los escondían en lugares estratégicos de la casa o del bosque, donde en caso de registro, no los pudiesen encontrar.

En las ciudades, las mujeres se encargaron de colocarlos en pensiones y en casas particulares, los alimentaban y los guiaban y acompañaban disimuladamente a las casas donde había algún enfermo, para administrarle los sacramentos, incluso celebrando la misa en la misma habitación del enfermo. Celebraban bodas, bautizos y la eucaristía clandestinamente, en pisos de familias de toda confianza.

Chicas y mujeres de pueblo y ciudad recogían, de las religiosas que habían expulsado del convento y que hacían vida de comunidad en pisos, las formas para consagrar que seguían fabricando, y también recogían vino de bodegueros de absoluta discreción, y se los llevaban a los sacerdotes escondidos en pisos o en escondites del bosque para que pudiesen celebrar la misa clandestinamente.

También muchos payeses guiaban a los jóvenes que desertaban hacia Francia y que no querían incorporarse al ejército republicano. De allí pasaban a la España nacional. Unos cuarenta mil jóvenes desertaron en Cataluña.

Honor pues, a aquellas mujeres fuertes de las modernas catacumbas, que rezaban por los mártires, que se sacaban el pan de la boca para alimentar a sus hermanos necesitados de aquella Iglesia pobre y perseguida, que animaban a los desconsolados, les repartían dinero recaudado entre gente que en silencio aspiraba a la paz y libertad religiosas, e informaban secretamente a los “refugiados” de las noticias del frente, dándoles esperanza e ilusión en aquellas horas tristes y angustiosas.

Nuestras mujeres eran pacíficas, caritativas y dispuestas a todos los sacrificios con tal de hacer más llevadera a sus hermanos aquella persecución injusta. Su labor humanitaria y heroica les costó a algunas de ellas la cárcel y la vida.

Recordemos la sentencia 377 del 10 de diciembre de 1938, firmada por el presidente Companys confirmando la pena de muerte a siete hombres y seis mujeres. Mujeres que nunca cogieron un arma de guerra, sino rosarios de paz y concordia.

Las gestas de aquellas mujeres catalanas y cristianas, atrevidas y evangélicas, merecerían que en lo más alto de la cumbre de Montserrat se levantase un monumento que recordase las virtudes de aquella, nunca suficientemente alabada, mujer católica catalana de 1936.


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