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 La Leyenda Negra Antiespañola

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ascuas
CAMARADA CAMISA NUEVA
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MensajeTema: La Leyenda Negra Antiespañola   Miér 3 Jul - 0:18:35

GALILEO GALILEI.
Tiene tal fuerza la Leyenda Negra, que siglos después sus mentiras y cizaña siguen ganando batallas.

Según una encuesta del Consejo de Europa realizada entre estudiantes de ciencias de todos los países UE, casi el 30% tienen el convencimiento de que Galileo Galilei fue quemado vivo en la hoguera por la Inquisición.
Y casi todos, un elevadísimo 97%, están convencidos de que en cualquier caso fue torturado. (aunque bastaría consultar al wikipedia: es.wikipedia.org/wiki/Galileo_Galilei para salir del error).
Finalmente, los que realmente (no muchos) tienen algo más que decir sobre el científico pisano, recuerdan como una frase "absolutamente histórica" un "Eppur si muove!" fieramente arrojado tras la lectura de la sentencia, contra los inquisidores convencidos de poner detener el movimiento de la Tierra con los anatemas teológicos.

Estos estudiantes y muchos lectores se sorprenderían si alguien les dijera que estamos ahora en la afortunada situación de poder datar con precisión por lo menos este último FALSO detalle: la "frase histórica" fue inventada en Londres en 1757 por Giuseppe Baretti, periodista tan brillante como a menudo muy poco fehaciente.

El 22 de junio de 1633, en Roma, en el convento dominicano de Santa María sopra Minerva, después de oír la sentencia, el VERDADERO Galileo (no el del mito) dio las gracias a los diez cardenales (tres de los cuales habían votado a favor de su absolución) por una pena tan moderada. Porque también era consciente de haber hecho lo posible para indisponer al tribunal, entre otras cosas intentándoles tomar el pelo a esos hombres de ciencia entre los que había hombres de su misma envergadura intelectual.

Más aún, en los cuatro días de discusión, sólo presentó un argumento a favor de su teoría de que la Tierra giraba entrono al Sol, y era erróneo. Decía que las mareas eran provocadas por la "sacudida" de las aguas, a causa del movimiento de la Tierra. Una tesis risible, ala que sus jueces-científicos-colegas oponían otra, que Galileo juzgaba "de imbéciles"; y que si embargo, era la correcta. Esto es, el flujo y reflujo del agua del mar se debe a la atracción lunar, tal como decían los inquisidores a los que un pisano insultaba con desprecio.

A parte de la explicación errónea Galileo no supo aportar ningún otro argumento experimental, comprobación a favor de la centralidad solar y del movimiento terrestre.

No es sorprendente el Santo Oficio NO se oponía en absoluto a la evidencia científica en nombre de un oscurantismo teológico. La primera prueba experimental, indiscutible, de la rotación terrestre data de 1748, más de un siglo después. Y para "ver" esa rotación, habrá que esperar hasta 1851, con el péndulo de Foucault.

En el año 1633 del proceso a Galileo, el sistema ptolemaico (Sol y planetas girando alrededor de la Tierra) y el sistema copernicano (la Tierra y los planetas giran alrededor del Sol) eran dos hipótesis de igual peso, en las que había que apostar sin tener pruebas decisivas para ninguna de ellas. Y muchos religiosos católicos estaban a favor del "innovador" Copérnico, condenado en cambio, por Lutero.

Por otra parte, no sólo Galileo se equivocaba al referirse a las mareas, sino que ya había incurrido en otro grave error científico cuando en 1618, habían aparecido en el cielo unos cometas. Basándose en apriorismos ralacionados con su "apuesta" copernicana había afirmado con insistencia que sólo se trataba de ilusiones ópticas y había arremetido duramente contra los astrónomos jesuitas del observatorio romano, quienes decían, que los cometas eran cuerpos celestes reales.
Luego, Galileo, volvería a equivocarse con la teoría del movimiento de la Tierra y de la fijeza absoluta del Sol, cuando en realidad éste también se mueve en torno al centro de la galaxia.

Nada de frases titánicas, de todas formas, más que en las mentiras de los ilustrados y luego de los marxistas, ellos crearon deliberadamente un "caso" útil a una propaganda que quería (y aún quiere) demostrar la incompatibilidad entre ciencia y fe.

¿Torturas? ¿cárceles de la Inquisición? ¿hoguera? aquí también los estudiantes europeos del sondeo se llevarían sorpresas.
Galileo no pasó ni un sólo día en la cárcel, ni sufrió ninguna violencia física. Es más, llamado a Roma para el proceso, se alojó (a cargo de la Santa Sede) en una vivienda de cinco habitaciones con vistas a los jardines vaticanos y con servidor personal.
Tras la sentencia, fue alojado en la maravillossa Villa Medici en el Pincio. Desde aquí, el "condenado" se trasladó, en condición de huésped, al palacio del arzobispo de Siena, uno de los muchos eclesiásticos insignes que el querían, que lo habían ayudado y animado,y a los que había dedicado sus obras. Finalmente llegó a su elegante villa en Arcetri, cuyo significativo nombre ("Il Gioiello" o la joya).

No perdió ni la estima ni la amistad de obispos y científicos, muchas veces religiosos. No se le impidió nunca proseguir sus trabajos de lo que se aprovechó continuando sus estudios y publicando un libro: Discursos y demostraciones matemáticas sobre dos nuevas ciencias, su obra científica maestra.
Tampoco se le prohibió recibir visitas, así que los mejores colegas de Europa fueron la verle para discutir con él. Pronto le levantaron la prohibición de alejarse a su antojo de la villa. Sólo le quedó, una obligación: la de rezar, una vez por semana los siete salmos penitenciales. En realidad, también esta "pena" se había acabado a los tres años, pero él la continuó de forma libre, como creyente que era, un hombre que había sido el benjamín de los Papas durante larga parte de su vida; y que en lugar de erigirse en defensor de la razón contra el oscurantismo clerical, tal como afirma la leyenda posterior, pudo escribir con verdad al final de su vida: "In tutte le opere mite non sará chi trovar possa pur minima ombra di coa che declini dalla pietá riverenza di Santa Chiesa" (En todas mis obras no habrá quien pueda encontrar la más mínima sombra de algo que recusar de la piedad y reverencia de la Santa Iglesia) que aunque real es mucho menos conocida.
Finalmente murió a la avanzada edad (para la época) de 78 años, en su cama, con la indulgencia plenaria y la bendición papal. Era el 8 de enero de 1642. Nueve años tras la condena.
Una de sus hijas, monja, recogió su última palabra. Esta fue: ¡Jesús!

Por otra parte más que con los eclesiásticos con los que tuvo problemas fue con los laicos, con sus colegas de universidades que por envidia o conservadurismo, blandiendo Aristóteles más que Biblias lo intentaron todo para quitarlo de en medio y reducirlo al silencio. La defensa le vino de la Iglesia; la ofensa de la universidad.

No hace mucho, con ocasión de una visita del Papa a Pisa, un ilustre "científico" deploró, en un "importante" diario que Juan Pablo II "no puso ulterior y debida enmienda al trato inhumano de la Iglesia hacia Galileo"

Si debemos hablar de ignorancia por los estudiantes del sondeo, el caso de estudiosos de este tipo es más adecuado situarlo en "mala fe"
La misma mala fe que se mantiene desde la época de Voltaire y que tantos complejos de culpabilidad ha creado en católicos mal informados. Sin embargo,no solamente cosas no fueron como pretende la propaganda secular, sino que hoy en día hay nuevos motivos para reflexionar acerca de las no innobles razones de la Iglesia.


MÁS GALILEO.
Aunque Galileo Galilei era ferviente católico convivió, abiertamente (more uxorio) con una mujer, con la cual, sin querer casarse tuvo dos hijas y un varón. Al dejar Padua para volver a Toscana, donde tenía más posibilidades de hacer carrera, abandonó sin más a su compañera veneciana (Marina Gamba) quitándole incluso los hijos. "Provisionalmente" alojó a sus hijas en casa del cuñado pero tenía que encontrar una solución definitiva y no era fácil por la ilegitimidad que no permitía pensase en un futuro matrimonio por lo que pensó ingresarlas en un convento, pero las leyes eclesiales no permitían el ingreso de chicas tan jóvenes para profesar votos.

Aunque en el plano personal Galileo era vulnerable la Iglesia que lo llamó a presentarse delante del Santo Oficio, aquella Iglesia acusada de moralismo despiadado, bien procuró no caer en el fácil error y mezquino de mezclar su vida privada, sus decisiones personales, con sus ideas, lo único que estaba en discusión.

Ningún eclesiástico le reprocharía nunca su situación familiar. Muy diferente habría sido su suerte en la Ginebra de Calvino, donde decapitaban a los "concubinos" como él (Rino Cammilleri).

Según Georges Bené, uno de los estudiosos que mejor conoce esta historia: "desde hace dos siglos Galileo y su caso interesan, más que como fin, como medio polémico contra la Iglesia católica y su "oscurantismo" que obstaculizaría la investigación cientifica"

Aunque el católico Joseph Lortz, riguroso y ajeno a la autoflagelación clerical, autro de uno de los más célebres manuales de historia de la Iglesia,cita, compartiéndola, la afirmación de otro estudioso: "El nuevo mundo nace, esencialmente, fuera de la Iglesia católica, porque ésta, con Galileo, expulsó a los científicos".

Esto no responde a la verdad. La prohibición temporal (llegada tras enseñar públicamente la teoría heliocéntrica copernicana, es un hecho aislado: ni antes ni después la Iglesia se entrometería NUNCA, repetimos NUNCA, para obstaculizar la investigación científica, por otra parte casi siempre llevada a cabo por miembros de órdenes religiosas. El mismo Galileo sólo fue convocado por no respetar los pactos: la aprobación eclesiástica del libro que se le había concedido a condición de que presentara la teoría copernicana como hipótesis (como exigían los conocimientos científicos de la época) mientras que él la daba por demostrada. Pero aún hay más. Prometió adecuarse y no lo hizo, entregando a la imprenta el manuscrito como estaba, sino que además puso en boca del bobo de los Diálogos, cuyo nombre ejemplar es Simplicio, los consejos de moderación que le había dado el Papa, que incluso era amigo suyo y lo admiraba.

Tras la condena volverá enseguida a sus trabajos e investigaciones, rodeado de jóvenes discípulos que formarán una escuela. Y pudo condensar lo mejor de su vida de estudio en los años que le quedan, en aquellos Discuros y demostraciones matemáticas sobre dos nuevas ciencias que es el ápice de su pensamiento científico.

En esta época el Observatorio Vaticano, aún activo hoy, fundado y siempre dirigido por jesuítas, consolida su fama de ser uno de los institutos científicos más prestigiosos y rigurosos del mundo. Hasta el punto que cuando los italianos llegan a Roma, en 1870, se apresuran a hacer una excepción en su programa de expulsión de los religiosos, ante todo de la Compañía de Jesús.
Así, el gobierno de la Italia anticlerical y masónica pide al Parlamento que vote una ley especial para mantener al padre Angelo Sacchi como director de por vida del Observatorio, que ya fue papal. El padre Sacchi es uno de los más importantes estudiosos del siglo, uno de los fundadores de la astrofísica y de tal calibrew universal que de todos los rincones del globo llegan peticiones a los responsables de la "nueva Italia" para que no pongan trabas a un trabajo unánimemente jugado de gran valor científico.

SIEMPRE ha sido el protestantismo, Lutero quién más veces repitió: "se colocaría fuera del cristianismo quien afirmara que la Tierra tiene más de 6.000 años" esta "literalidad" este "fundamentalismo" que trata la Biblia como el Corán (no sujeta, pues a interpretación) caracteriza toda la historia del protestantismo y todavía sigue en vigor, defendido por la actividad de iglesias y sectas inspiradas en la Reforma, en gran expansión en EEUU y otros países. NO la Iglesia Católica.

A propósito de universidad (y oscurantismos) habrá pues un motivo si, a principios del siglo XVII cuando Galileo estaba a mitad de su vida en plena actividad investigadora, había en Europa 108 universidades (típica creación de la Edad Media católica) algunas más en América hispana y portuguesa, ninguna en territorios no cristianos.

Y también habrá una razón si las obras matemáticas, geométricas de la antigüedad (principalmente la obra euclidiana) que han constituido la base fundamental para el desarrollo de la ciencia moderna, nos ha llegado es sólo gracias a las copias de monjes benedictinos y, un avez inventada la tipografía, gracias a libros impresos SIEMPRE por religiosos.

Alguien ha señalado incluso que, precisamente a principios del XVIII, un Gran Inquisidor de España creó en Salamanca la Facultad de Ciencias Naturales, donde se enseñaba, apoyándola, la teoría copernicana ....
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MensajeTema: La Leyenda Negra Un Invento Contra España   Jue 3 Oct - 12:58:19

Me gustaría añadir un extracto del libro: La Leyenda Negra, un Invento Contra España del autor EEUU, Philip W. Powell, doctor en historia y profesor de la Universidad de California.

Abajo pongo el enlace de su obra

http://www.google.es/url?q=http://www.altera.net/nueva/libros/leyenda.htm&sa=U&ei=NjtNUpDwJuvy7AawpIH4Bw&ved=0CB4QFjAA&sig2=4txG_oO-ofR1CFzvGHs0WA&usg=AFQjCNGeAfuL8Ni-zo1qle1F5gZWFr52UQ

Si buscáis en Google: philip w. powell, hay diversas entradas, en una de ellas está el capítulo I, y en otra el IX.


Mi extracto:




Desde la IIGM, el gobierno de los EEUU ha participado en intentos de aislar a España, no sólo del mundo occidental, sino incluso del conjunto de la comunidad de naciones.

También ha descuidado o dirigido incompetentemente las relaciones con Hispanoamérica. También ha ignorado, de forma insultante, las justificadas pretensiones portuguesas de obtener la consideración de aliados ante el marxismo asiático.

Las causas básicas de este defectuoso entendimiento con el mundo hispánico que origina la depreciación y abandono de esa gran comunidad cultural están, ante todo, profundamente enraizadas en el pasado.

Muchos de los líderes, políticos e intelectuales de EEUU ven a Iberoamérica en términos tan simplistas como dictadura vs democracia, o como una aristocracia pequeña y blanca señoreando sobre anónimos millones de siervos indios, etc.
Aberraciones absurdamente ingenuas porque carecen de perspectiva histórica, es una distorsión originada por una formación torticera y por la ideología marxista que son el último eslabón de una larga cadena de errores a través de la historia.

Son el fruto de negarse a reconocer, respetar y apreciar con simpatía las complejidades de una vasta sociedad hispano-católica-mestiza-india que constituyó una gigantesca aportación a las tradiciones culturales y que los estadounidenses anhelan defender.

La costumbre nacional e inevitable de mirar con condescendencia y valora con ingenuidad los acaecimientos del mundo hispánico es un hábito que arranca desde las escuelas elementales y se remonta y extiende hasta las universidades, para llegar a la Casa Blanca originado por antagonismos ancestrales que se han convertido en prejuicios perennes, tan injustificables como peligrosos.

No es fácil discernir la profundidad de este prejuicio, especialmente disfrazado por contingencias superficiales como las crisis políticas con Argentina, una revolución en Guatemala, Bahía de Cochinos o el secuestro de un embajador en Uruguay. Prejuicio que desafía su propia enmienda, ya que se filtra entre el profesorado, escritores, intelectuales y políticos que conforman las actitudes hacia los países hispánicos y las relaciones con ellos.

El que estas ideas preconcebidas formen un complejo básicamente antiespañol, con sus raíces en un pasado lejano es poco conocido y aún menos sopesado (lo español en iberoamérica es menos afín para el estadounidense que la compasión que siente por el indio americano).
Y es la profundidad de tales raíces lo que las oculta de la vista de personas para las que el sentido de la historia no pasa de consultar los titulares de la prensa de ayer. Pero que continuamente emite ramas y frutos en esas actitudes de desdén y abandono de la cultura hispánica; arrogancia gubernamental; condescendencia turística; un ofensivo exclusivismo social en la tendencia a "hacer colonia" en el extranjero (un apartheid particular) o una fe infantil en que se pueden generar expertos en Iberoamérica en 24 horas.

Es lamentable que los mitos de la hispanofobia en Occidente, particularmente en EEUU, lleven la etiqueta de respetabilidad intelectual que contrasta con prejuicios como la "supremacía blanca" o el "antisemitismo" que, por el contrario, no llevan tal pasaporte, por lo que es ciertamente difícil el hacerse oír sobre las connotaciones de la FALAZ Leyenda Negra.

Los "intelectuales" sienten y demuestran menosprecio por la cultura hispánica, atribuyéndole un singular atraso, y porque esta forma de pensar ha permanecido tanto tiempo infiltrada en los círculos "intelectuales" y las altas esferas de la dirección política, necesita una imperiosa atención, aún mayor que la otorgada a otras injusticias raciales y culturales.

Los conceptos hispanofóbicos que más influido en la DEFORMACIÓN DEL PENSAMIENTO tuvieron su origen entre: franceses, italianos, alemanes y judíos (rivales y enemigos de España de la época) que los propagaron durante los siglos XVII y XVIII, gracias al vigoroso uso de la imprenta.

Las pasiones de la reforma protestante, mezcladas con ciertos intereses antihispánicos en Holanda e Inglaterra, contribuyeron a formar un ambiente propicio para el desarrollo del amplio y frondoso "árbol del odio" que floreció y se puso tan de moda en el mundo occidental durante la Ilustración del XVIII, cuando tantos dogmas de hoy tomaron forma clásica.

La escala de los "héroes" de la anti-España se extiende desde Francis Drake hasta Theodore Roosvelt; desde Guillermo El Taciturno hasta Harry Truman; desde Bartolomé de Las Casas hasta el mexicano Lázaro Cárdenas, o desde los puritanos de Oliverio Cromwell a los comunistas de la Brigada Abraham Lincoln, de lo romántico a lo prosaico, y desde lo casi sublime a lo absolutamente ridículo.

Hay mucha menos distancia de concepto que la que hay de tiempo entre el odio anglo-holandés a Felipe II y sus ecos en las aulas universitarias actuales. Entre la anti España de la Ilustración y la anti España de tantos círculos "intelectuales" de hoy en día.

La deformación propagandística de España y de la América hispana, de sus gentes y de la mayoría de sus obras, hace ya mucho tiempo que se fundió con el dogmatismo de lo anticatólico. Esta torcida mezcla perdura en la literatura popular y en los prejuicios tradicionales, y continúa apoyando el complejo nórdico de superioridad confundiendo las perspectivas históricas de Iberoamérica y EEUU. Sería suficiente esta razón para inducir al profesorado e intelectuales a promover y favorecer cuanto contribuya a eliminar los conceptos ERRÓNEOS vigentes sobre España y su obra.

Generalmente la efectiva propaganda está dirigida por "intelectuales" que se entregan, apasionadamente, a una causa por determinada recompensa (familiarizados con los medios para moldear el pensamiento de los demás).

Es lo que a menudo ha sucedido con las propagandas antiespañolas, tanto en el pasado como en la actualidad. Desgraciadamente la entrega de líderes "intelectuales" a misiones propagandísticas, tanto en el XVII y XVIII como en el XX y XXI ha determinado, con frecuencia, un excesivo éxito en la santificación del error.

Ciertamente la Leyenda Negra ha sido detractada, desde sus inicios, por intelectuales de gran talla, pero no es menos cierto que tales refutaciones NUNCA han gozado de difusión ni los ecos del que gozan las MENTIRAS destinadas a promover o manufacturar prejuicios populares.
La erudita oposición a las FALSEDADES populares de los hechos históricos españoles ha estado circunscrita y limitada por lo que el número de los bien informados sigue siendo reducido por falta de un vigoroso esfuerzo de propagación.


SOBRE HÉROES NÓRDICOS Y VILLANOS ESPAÑOLES
"El mito nórdico se debe no poco al hecho de que los mapas se cuelgan con el Norte en alto y el Sur abajo" (Salvador de Madariaga).

En EEUU según los textos escolares, la literatura popular, el cine y la TV, el estereotipo español es un individuo moreno, con barba puntiaguda negra, morrión y siniestra espada toledana y se dice que su naturaleza es traicionera, lasciva, cruel, codiciosa y absolutamente intolerante. A veces toma la forma de un encapuchado inquisidor, malencarado.
Más recientemente, con menor acritud, se le representa como una especie de astuto, escurridizo, semidiabólico y donjuanesco "gigoló".
Pero, sea cual sea su descripción, lo más frecuente es que se le presente contrastándolo con el "ego" nórdico.

El conflicto histórico y literario entre el héroe nórdico y el villano español, tan popular en el mundo de habla inglesa desde la época de Francis Drake y de la Armada Española ha moldeado una firme fe en la superioridad nórdica.
Aquel villano español de la obra continúa personificando las perversidades de la Iglesia católica-estatal, la barbarie de la conquista del Nuevo Mundo, y un genérico concepto de inferioridad moral-físico-intelectual, en contraste con las virtudes de los nórdicos.

Desde los libros de texto a las novelas y viceversa, a los villanos españoles raramente se les concede una oportunidad ante los héroes nórdicos.

Tal vez sea mejor así, pues al contrario de las creencias populares, el auténtico español, especialmente en su apogeo imperial fue un soldado y diplomático de primer nivel, con muchas, muchísimas, victorias en su haber; podría significar una gran desilusión para los escolares y el público el conocer cuán a menudo desbarató los planes de los antepasados anglosajones. Unos pocos ejemplos:
- derrota de Juan Aquines (Hohn Hawkins) y Francis Drake en Veracruz (México, 1568).
- brillante y exitosa defensa de Cartagena de Indias (Blas de Lezo) contra la mayor flota de guerra, superior a la armada invencible, de Lord Vernon que aventajaba a los españoles 6 a 1 en soldados (30.000 ante 2.500 españoles y 2.000 indígenas) y 130 a 5 en barcos (1740).
- la derrota por los hispano argentinos de los sucesivos intentos de invasión británica (1806 y 1807).
- fracaso del proyecto Cromwell contra las Indias Españolas.
- éxito general al mantener e incrementar sus dominios americanos contra los ingleses y todos cuantos la amenazaron y atacaron (turcos, flamencos, italianos, alemanes, protestantes, etc. y muchas veces simultáneamente).

Así al describir el estereotipo español, los dados histórico-literarios de EEUU están cargados,
¿Quién, por ejemplo, oyó alguna vez comentar la humanidad y buenos modos de los conquistadores españoles, con independencia de que tuvieran vicios y virtudes iguales o similares a los ingleses de su época como Enrique VIII e Isabel I?

¿Acaso pudo haber existido tras la siniestra espada toledana un auténtico héroe, honrado y generoso?

¿Es posible que hubiera un inquisidor español lleno de cultura, justicia y humanidad?

¿No hubo algún bizarro capitán de la marina española generoso, inteligente, hábil y caballeroso en su victoria, digamos sobre un inglés?

Acompañando a este "villano" hay otros personajes literarios y escolares igualmente estereotipados tales como el "buen fraile" un misionero sentimentalmente eficaz en revelar los defectos, reales o no, de los otros españoles, etc. Estos padres son el eco continuado del defensor de los indios, fray Bartolomé de Las Casas y posiblemente reflejan el hecho de que una gran parte de la historia de España en América fue escrita por clérigos que no tuvieron reparos en criticar a los soldados, capitales u otros oficiales con quienes estaban en desacuerdo.

No falta el hacendado implacable, tiránico y duro de corazón. O el escurridizo traidor y grasoso mexicano (con el sempiterno epíteto inglés: greaser) simbolizando la depravación española y que ha ganado una considerable popularidad en los escenarios Hollywoodienses, especialmente en filmes de cowboys.
Ej.: "... ella ordenó que viniese el mexicano, y al punto se presentó un ignominioso ejemplar de su raza, escurridizo y servil, de ojos amarillentos y con incrustaciones de nicotina en su mismísima alma" (Max Brand, Destry Rides Again, pag. 69)

Otro tipo clásico es el del bandolero, guerrillero duro y feroz y testimonio de que los españoles sólo son aptos para la lucha de guerrillas y que por ello la península ha sido singular semillero de bandidos.

Ernest Hemingway en su Por quién doblan las campanas ayudó a actualizar (novela y cine) el eco del guerrillero español, aunque suavizándolo con simpatías políticas y con Ingrid Bergman.

El tradicional y ficticio villano español está sobrepasado en sus tintas por lo grotesco de la literatura de viaje que toca a España y su pueblo. Esta clase de deformaciones comenzó a finales del XV e inicios del XVI, cuando los viajeros italianos y algunos otros comenzaron a crear el tipo español racialmente inferior, tenebroso, traicionero y excesivamente arrogante.

Los compatriotas de Maquiavelo manuscribieron las primeras narraciones de viajes en España iniciando así el hábito de exagerar y deformar sus costumbres mediante expresiones repetidas incansablemente, como: "son miserables y ... consumados ladrones ... no tienen aptitudes para la literatura ... en apariencia son religiosos, pero en realidad no lo son ... son tan descuidados en lo que respecta al cultivo de la tierra y tan lerdo para las artes mecánicas, que lo que en otros lugares se haría en un mes, a ellos les lleva cuatro ..." (del viaje a España de Francisco Guiciardini, embajador de Florencia).

Los famosos embajadores italianos que hicieron tales comentarios iniciaron la costumbre de incluir observaciones desfavorables que aún continúa en la actualidad. Luego estos relatos se traducirían al francés e inglés contribuyendo a crear la imagen fantástica de España y de los españoles, principalmente por sus medias verdades y exageraciones (Julían Juderías en La Leyenda Negra: Estudios sobre el concepto de España en el extranjero, 13ª Edición, Madrid 1954, pag. 16)

Hay otros países que tienen que soportar "tópicos y clichés" y caricaturas, nacionales y/o raciales, pero sufrir a un tiempo una historia deformada INTENCIONADAMENTE y un tipo de literatura para viajeros sobrecargada de ofensas ha correspondido a España en medida muy superior a sus reales merecimientos.

Si las caricatura se limitaran al tipo de las del tacaño escocés, al francés mujeriego, al yanqui bocazas en tierra extranjera, etc. podría calificarse de entretenimiento inocente y dejarlo estar, pero algunas deformaciones están tan cargadas de odio e insultos ofensivos que el daño que producen es demasiado grande para tomárselo a broma o repararlo.

En grado semejante sufrimos las NOTICIAS TENDENCIOSAS sobre nosotros y nuestra historia, con la INSIDIOSA LITERATURA.

La difamación antiespañola es obra de siglos, un brebaje aderezado con verdades, medias verdades, propaganda, prejuicios e inconveniencias políticas y mucho odio, que sigue perpetuándose en escuelas y mass media.


DEFINICIONES DE LA LEYENDA NEGRA
Los principales pilares sobre los que descansa la Leyenda Negra antiespañola son:
1º.- el terror, envidia y odio de los que chocaron con el poder español: militar, político, económico y religioso en Europa durante casi cuatro siglos (XIV al XVIII): principalmente: italianos, ingleses, holandeses, alemanes, franceses, judíos y portugueses.
2º.- antagonsimos de los pueblos y naciones que quisieron disputar a España su dominio sobre el Nuevo Mundo: Holanda, Inglaterra, Francia y Portugal.
3º.- difamación intencionada de ciertos personajes españoles de gran relieve: Torquemada, Felipe II, o de ciertas instituciones: Inquisición, Colonización, etc.
4º.- la fusión de los anteriores en una campaña de descrédito intelectualizada que presenta a España como "el horrible ejemplo" de todo lo que la Ilustración atacó: iniquidades de la Iglesia, tradiconalismo, oscurantismo, etc.
5º.- la racionalización y dogmatización de los puntos anteriores durante los XVIII y XIX.
6º.- indiscriminada aceptación popular, y peor aún "intelectual" de las PATRAÑAS antiespañolas especialmente por las naciones que amoldaron el pensamiento occidental tras la pérdida de la hegemonía española.

La Leyenda Negra se ha definido, a veces, como una acumulada DIFAMACIÓN de la actuación española en el Nuevo Mundo, pero no es completa. Proviene de la amplia y continuada campaña de propaganda holandesa e inglesa contra el Imperio español y generalmente exagera la importancia de fray Bartolomé.

Julián Juderías extendió el término Leyenda Negra a inicios del XX y su definición, más cabal, es: "Por Leyenda Negra entendemos el ambiente CREADO por los FANTÁSTICOS relatos sobre España que vieron la luz en casi todos los países: descripciones grotescas del carácter español, como individuos y colectivo, la negación o, por lo menos, la ignorancia sistemática de todo lo favorable y honroso, en las diversas manifestaciones de la cultura y arte, las acusaciones que en todo tiempo se han lanzado contra España basada en hechos exagerados, mal interpretados o directamente FALSOS en su totalidad, y finalmente, la afirmación contenida en libros de apariencia respetable y verídica, muchas veces reproducidos, comentada y ampliada en la prensa extranjera, de que nuestra patria constituye, desde el punto de vista de la tolerancia, de la cultura y el progreso político, una excepción lamentable dentro del grupo de naciones europeas.
Entendemos por Leyenda Negra la leyenda de la España inquisitorial, ignorante, fanaica, incapaz de figurar entre los pueblos cultos lo mismo ahora que antes, dispuesta siempre a las represiones violentas, enemiga del progreso y de las innovaciones, o en otros términos la leyenda, habiendo empezado a difundirse en el XVI, a raíz de la Reforma, y más especialmente en momentos críticos de la vida nacional".

La premisa básica de la Leyenda Negra es que los españoles se han manifestado a lo largo de la historia como seres singularmente crueles, intolerantes, tiránicos, obscurantistas, vagos, fanáticos, codiciosos y traicioneros y que se diferencian tanto del resto de las gentes en esos rasgos, que ellos y su historia deben ser examinados y entendidos en términos no aplicables a las características de otros pueblos.

Así, los españoles que fueron al Nuevo Mundo en busca de oportunidades más generosas que las ofrecidas en Europa se les califica con desprecio de codiciosos y crueles goldseekers, u otros epítetos equivalentes a diablos. En cambio los ingleses que llegaron al Nuevo Mundo en busca de oportunidades semejantes, o peores, se les denomina, respetuosamente colonizadores (homebuilders o paladines de la libertad) (Francis Bannon: The Spanish Conquistadores: Men or Devils?)

Valga de ejemplo lo que escriben distinguidos catedráticos de "historia" de EEUU en textos universitarios de amplia difusión: "Los EEUU se constituyeron por homemakers y state builders animados de ideas inglesas de autogobierno. México fue conquistado por aventureros españoles que deseaban regresar a su país con el botín ... los conquistadores llegaron procedentes de España en busca de su fortuna en forma de oro y plata y con el deseo de regresar con ella lo antes posible" (Samuel Flagg Bemis: A Diplomatic History of the Union States, pág. 541, 1941).

Que la realidad demuestre que las viviendas más antiguas de América son las construidas por españoles que vivieron en ellas hogañeramente como se entiende de un colono (homemaker) se olvida y no se menciona.

La acción española de expulsar y penar a disidentes religiosos se considera fanatismo, intolerancia y causa de su decadencia, pero no se menciona que los demás hacían lo mismo: ingleses, franceses, alemanes y holandeses incluidos. Pero en éstos casos eran esfuerzos de unificar la nación o acciones de salvaguarda contra la traición y conspiración.

Las matanzas de indios por españoles son atrocidades y exterminación despiadada, pero cuando los ingleses aniquilan poblaciones, tribus y razas como cuando matan irlandeses por millares en sus propios pantanos, o los deguellan tras haberse rendido a eso se le llamá "problema irlandés".

Al interés español siempre se le da un sórdido matiz para aprovecharse de la riqueza mineral del Nuevo Mundo, pero cuando esa misma riqueza es robada por los Lobos de Mar Isabelinos es un escalón heróico en el desarrollo de Inglaterra como nación e imperio. Y si los angloamericanos chocan en su cartera por oro californiano, entonces, se describe como "la piedra angular" de una gran nación (John Walton Caughey: Gold is the Cornestone, Berkeley: University of California Press, 1948)

En esencia si se desean entender las típicas opiniones occidentales sobre España y su historia hay que dominar un vocabulario especial.

Es creencia extendida que España hace varios siglos que está al margen del mundo occidental ¿Qué se puede alegar en la otra dirección?
El humanista español Américo Castro: "tenemos que buscar el significado de lo que es civilización española y sus altos valores, independientemente de la idea de la felicidad material ... Hoy, más que en cualquier otro momento de la historia del mundo, podemos contemplar con serenidad este estado de cosas, porque hoy resulta oportuno preguntarse si este llamado "progreso" que tiene como base un puro intelectualismo y un insaciable deseo de placeres epicúreos, si este "progreso" no será, después de todo, más fructífero en horrores que en beneficios" (Conferencia Inaugural, Universidad de Princenton, 1940).

La cuestión sobre la otra cara de la moneda, en un análisis serio y justo, origina enojosos interrogantes:

¿alcanzó España las grandes alturas de su "Edad de Oro" intelectual a pesar de la Inquisición o fue a causa de ella?

Preguntas aparentemente sencillas pero a las que las respuestas automáticas que encajan en los prejuicios firmemente anclados en las mentes y se aceptan de forma general pero no son tan obvias.


ESPAÑA EN AMÉRICA. LO REAL Y LO IRREAL
La dominación española de las Américas abarcó más de tres siglos, cuatro incluyendo Cuba, Filipinas y Puerto Rico, y ha sido uno de los logros imperiales más importantes de toda la historia.
Al descubrir tan vastos territorios, y al asumir su dirección política, los españoles extendieron enormemente y para siempre los horizontes materiales e intelectuales de la humanidad. Quizás la única acción equiparable sería la exploración espacial del XX. Ciñéndonos a la Tierra esta formidable hazaña española se equipara, con ventaja, a la creación y durabilidad de los imperios romanos e inglés, nada menos.

La amplitud y complejidad de este proceso imperial español asombra la imaginación y confunde a los eruditos, y está muy bien documentado, es el período histórico mejor documentado antes del XIX.
La burocracia española, su énfasis sobre la jurisprudencia y sus abogados, más la preocupación real de conservar los archivos, aseguró que gran cantidad de documentación oficial dieran prueba de la acción española en ultramar.

LA CONQUISTA ESPAÑOLA:
La creencia general de que la conquista española estuvo sistemática y profundamente caracterizada por la crueldad, codicia, rapacidad y corrupción general es un mito que no soporta la prueba de las evidencias.
No hay nada en toda la historia española que pruebe que los españoles de entonces o de ahora puedan clasificarse como más crueles, ambiciosos o más corrompidos que cualquier otro pueblo.
Conquistas de esta naturaleza conllevan crueldades de ambas partes, saqueos, depredaciones y atrocidades. Hay sobradas pruebas de haberse cometidos inhumanidades, tanto por parte de los indios como de los españoles, durante la Conquista. Hay, asimismo, suficiente evidencia de que tales atrocidades se consideraron y CASTIGARON como crímenes contra leyes vigentes y, como actos punibles, fueron en lo posibles castigados según los principios de justicia de las naciones y sociedades más civilizadas.
Cuando se reconoce, se comprende y se acepta que la España de la Conquista era una nación hondamente civilizada y de muy alto nivel cultural para su época, estos criterios y acciones resultan totalmente comprensibles.
En jurisprudencia y diplomacia, en religión y política, y en general en lo relativo a cualquier rama de la cultura, España ostentó, durante todo el XVI y gran parte del XVII un prestigio cumbre entra las naciones europeas.


Es habitual la creencia británica y en EEUU de que trataron más humanamente a los indios americanos que los españoles. No hay una sola evidencia de tal cosa pero sí muchas en contra.
En circunstancias similares los antepasados ingleses trataron a los nativos con una gran dureza y crueldad sin comparación con el trato dispensado por los españoles. Tanto el gobierno británico como el pueblo inglés y sus descendientes mostraron una total indiferencia por la protección y bienestar del indio americano, que aún destaca más si se compara con los enormes esfuerzos españoles, tanto gubernamentales como eclesiásticos e individuales en sentido contrario.

La afirmación inglesa "hubiéramos tratado a los indios mejor que los españoles" es una tesis isabelina bien reflejada en la literatura popular, en una biografía de Francis Drake (1492) el autor insiste en que Drake puso de manifiesto que "el método inglés de ganarse amigos de razas inferiores es mejor que el procedimiento español de esclavizarlos mediante matanzas y crueldades ... los españoles no aprendieron nunca esta lección ... jamás se dignaron hacer amistades con inferiores. Eran los señores del mundo, para sus esclavos sólo tenían mano de acero y bota de hierro".

La diplomacia española entre nativos comprendía presentes, honores, distinciones, protección y privilegios, educación y muchas acciones que hoy se denominarían prácticas humanitarias.

Baste de ejemplo (Hyland: A Century of Persectuion): "el reinado de Isabel fue uno de los más cruelmente bárbaros, en comparación con el cual las medidas represivas de María eran insignificantes. Y a este reinado sucedió otro de igual crueldad, bajo Jacobo I ... el pueblo (en tiempos de Carlos I) había sido formado en estos métodos crueles de sus gobernantes anteriores y llegó a ser tan feroz como sus reyes Enrique e Isabel o Jacobo"

El estudio comparado de la Europa contemporánea (XVI) se desprende que el patrón universal de crueldad, intolerancia e inhumanidad que caracterizaba la vida social, religiosa y económica del continente.

Gran parte del error es usar actitudes morales del XXI para analizar comportamientos del XVI, algo basado en el complejo de superioridad nórdico, simpatía por el indio y el desconocimiento de la Historia de España e Iberoamérica.
Por ejemplo todo el mundo está al corriente de la victoria de Cortés y la consiguiente matanza de indios, natural en una guerra, pero ni uno entre diez mil está informado de los sinceros intentos de los conquistadores, oficiales reales e Iglesia por prevenir la disminución indígena, durante y tras la Conquista.
La disminución de esta población por diversas causas fue una fuerte preocupación para la monarquía y sus representantes como consta en amplia documentación, cartas, cédulas reales, etc.
Así un experto (profesor Lewis Hanke): "ninguna nación europea, tal vez excepto Portugal, se responsabilizó de su deber cristiano hacia los pueblos nativos tan seriamente como lo hizo España"

Es opinión general que todos los españoles fueron al Nuevo Mundo como buscadores de oro, con una desdeñosa insinuación de que es algo reprensible. El goldseeker español llegó a ser un estereotipo desde hace siglos y como tal perdura hoy.
Evidentemente el oro no era el único, ni siquiera el principal motivo, los españoles fueron atraídos por otras muchas razones.
Así el profesor Irving Leonard desmiente la simplista aseveración de Bartolomé de Las Casas: "... los habitantes de la Península no son hoy, ni lo han sido nunca, característicamente más avariciosos que sus vecinos continentales. Por el contrario, los españoles y portugueses se cuentan entre las gentes menos materialistas de la Europa Occidental".

Hay múltiples razones para emprender la ruta hacia América: mejorar fortuna, sincero celo religioso, mero anhelo de establecerse en un nuevo hogar y colonizar, políticas, militares, comerciales, agrícolas y ganaderas, científicas, servir a la Corona, etc.

Lógica y evidentemente la mayoría de españoles que emigraron a América, aún durante la Conquista lo hicieron por motivos de idéntica naturaleza y diversidad que los que mueven en todo tiempo las corrientes migratorias.

Más aún, la corona española no escatimó esfuerzos para evitar que los criminales y otros elementos socialmente indeseables emirgraran al Nuevo Mundo (al contrario de los ingleses que fomentaban estas emigraciones), tampoco los españoles tuvieron que emigrar para evitar persecuciones religiosas o de otra especie como les ocurrió a los ingleses.

Los hogares más antiguos de América fueron construidos por los españoles, Cristóbal Colón en su segundo viaje (1493) ya va pertrechado de cerca de 1.500 colonos, con avíos e impedimenta (semillas, plantas, ganado, etc.) y el gobernador Nicolás Ovando (1502) lo hizo con cercad de 2.000 colonos, funcionarios, clérigos, etc. De ahí en adelante los barcos y flotas que viajaban desde España al Nuevo Mundo llevaban, regularmente, mujeres, niños, criados, menestrales, operarios, comerciantes, etc.
Hasta las más lejanas fronteras, incluso a la llegada de los primeros españoles, las mujeres y las familias acompañaban con frecuencia a sus maridos y padres, afrontando todo tipo de peligros y dificultades.
Suele ignorarse la fortaleza y sacrificio de la mujer española, su lealtad hacia sus hombres, y sus múltiples cualidades.

El tópico de condenar a los españoles como exterminadores de indios y buscadores de oro escamotea procesos inevitables en los procesos de conquista-colonización: que la conquista española fue un logro DIPLOMÁTICO más que guerrero, en las expediciones no embarcaban aguerridos e invictos tercios españoles, sino clérigos, menestrales, operarios, agricultores, maestros, funcionarios, comerciantes, etc. Además tuvo que ser así pues las fuerzas militares fueron tan escasas, de exploración e invasión, que no hubieran podido sobrevivir guerreando y conquistando únicamente en tan vasto territorio.

El ejemplo de Cortés manifiesta el proceso clásico (desarrollado durante siglos en la Reconquista a los árabes) y se repitió con frecuencia, los conquistadores tuvieron una constante necesidad de aliados indios que buscaron por medios diplomáticos, mediante demostraciones puntuales de fuerza, halagos, astucia, regalos, tratados de alianza con ciertas tribus y naciones indias para combatir a sus enemigos tradicionales, etc.

Es muy correcto caracterizar las victorias españolas en América como un proceso de indios conquistados por otros indios bajo supervisión española, sobre todo porque el indio carecía de una fidelidad básica al concepto de raza; así los tlaxcaltecos tuvieron un gran placer en ayudar a los españoles en derrotar a sus odiados y perennes enemigos, los aztecas, pero los aztecas, a su vez, ayudaron a los españoles en su lucha y colonización en otras fronteras. Igual sucedió en el norte dónde los iroques, algonquines, hurones y otros lucharon entre sí antes que contra los británicos o franceses.
Los españoles fueron muy diestros para extender sus fronteras americanas ganando aliados indios e incorporarlos rápidamente en sus fuerzas y servicios diplomáticos y militares.

Otra característica de la Conquista es que fue una empresa magna de la clase media, ni un sólo Grande a la vista, no fue una conquista de la aristocracia sino del propio pueblo español. Raramente en las filas de los conquistadores militó alguien más alto que los peldaños inferiores de la nobleza menor, (la clase media actual).
La Conquista y colonización americana se llevó a cabo por niveles sociales equivalente a la de los ingleses que dejaron su tierra para construir cabañas en el Nuevo Mundo. En resumen, la española fue una conquista bastante democrática y fuertemente caracterizada por una iniciativa privada con aparición de líderes, elegidos por votación popular.
Eso hizo que hubiera disputas, desavenencias, incluso contiendas en miniatura entre los conquistadores que no actuaban bajo una férrea disciplina y línea firme de mando.

Como dice Madariaga aquellos hombres deben ser juzgados no tanto por lo bárbaros que fueron sino por su excelente conducta en un ambiente de increíbles peligros e incertidumbres pero también con tentaciones casi ilimitadas. Precisamente por ser profundamente civilizados, de cultura y creencias tan avanzadas,

Y las crueldades españolas fueron inmediatamente censuradas, rigurosamente, por un influyente clero, decidido y poderoso así como por los informadores de la Corona que estaba dispuesta a escuchar todas las quejas e inclinada a legislar y castigar contra el maltrato a los nativos. Los Reglamentos sobre conquistas (Chile, Nuevo México, Filipinas, etc.) nunca escaparon del escrutinio de los que insistieron que la cristianización y bienestar de los indios eran las metas principales de la Conquista (Hanke en Struggle for Justice, pag. 174).

Los españoles buscaron oro y plata, que hallaron y explotaron fabulosas minas con métodos similares a los empleados años más tarde por otros europeos y americanos en la explotación del oro, cobre, caucho y petróleo. El interés español por las riquezas del Nuevo Mundo parece lógico, enteramente normal y nada singular. Por contraste con el orgullo, eficaz rendimiento e interés con que ingleses, franceses, holandeses, judíos, alemanes, anglo o italo americanos buscan la riqueza material, el español aparece, generalmente, menos preocupado con tales metas, e incluso hasta desdeñoso de ellas. Tiene (y tuvo) mayor inclinación para alcanzar otros objetivos, arriesgando su vida y sus bienes al azar de un conflicto bélico, ajustándose a la riqueza y a la pobreza con una ecuanimidad que sorprende a la mayoría de extranjeros.


LA DOMINACIÓN ESPAÑOLA EN AMÉRICA
Que España gobernase justa, sabiamente y con hondo sentido de responsabilidad una gigantesca parte del Nuevo Mundo, durante más de tres siglos, suele escamotearse en los libros de texto y literatura popular. Esto se debe:
1º.- crasa ignorancia.
2º.- atención desmesurada a la Conquista que capta más interés por sus episodios novelescos.
3º.- atención abrumadora dada al movimiento de independencia hispanoamericano haciendo hincapié y fomentando los sermones sobre la libertad ante la tiranía, etc.
4º.- el distrayente romanticismo de la piratería, lar rivalidades internacionales y luchas caribeñas.
5º.- el cegador poderío de EEUU en épocas más recientes que desenfoca la visión anterior
6º.- el que EEUU se centrase en áreas periféricas del Imperio español que se anexionó.

Los textos escolares saltan, alegremente, de Cortés a Miguel Hidalgo, desde Francisco Pizarro a José de San Martín y Simón Bolívar, o desde Francisco Vázquez de Coronado al Álamo con solamente alguna nota sobre la tiranía española, el buen padre Junípero Serra, el exclusivismo comercial, la esclavitud de indios o la censura inquisitorial, perpetrando otra injusticia contra España y un perenne insulto a los hispanoamericanos que se refleja en los estudiantes estadounidenses del Mundo Hispánico que están carecterizados por un abismo de ignorancia y corrosiva deformación que aún sigue ejerciendo la Leyenda Negra.

Las Casas y casi toda la información que circula sobre la acción española se centra en las primeras décadas (de casi cuatrocientos años) dónde se dieron las acciones y tratamientos más severos. Así todo está influido por esa visión parcial de despiadados buscadores de oro contra pacíficos aborígenes dando la impresión de que la larga supremacía española fue una continua lucha y matanza sin fin, con esclavitud de indios, que han dado lugar a un masivo complejo de hispanofobia.

Así se impuso la versión vulgar y simplista del reinado de España en América, como época de tiranía y pillaje, esclavitud, tributación desangrante y obscurantismo, que en nada concuerda con los hechos históricos.
El gobierno español, a lo largo de ese período, fue generalmente mucho más benigno de lo que lo han sido la mayoría de los gobiernos hispanoamericanos posteriores tras la independencia de España. De no ser así nunca habría podido perdurar tanto tiempo la dominación española.

Así, una autoridad en la materia: el catedrático Lesley Byrd Simpson: "considero que la capacidad media de los virreyes de Nueva España (México) era tanta, que ningún país, a mi juicio, fue más afortunado con sus gobernantes. Nueva España tuvo muchas cosas en su contra ... pero disfrutó de una larga vida (300 años) de relativa paz, estabilidad y prosperidad, en marcado contraste con las pendencieras naciones europeas. Algunos de los hombres que hicieron esto posible merecen ser reconocidos" (en Many Mexicos, inicio Cap. 6: Don Álvaro Méndoza).

Otro erudito inglés: Ronald Syme dio a entender algo similar, con enfoque más amplio: "a pesar de las desventajas geográficas y de las distancias, España fue capaz de mantener sus extensos dominios durante más de tres siglos, y les dio el sello indeleble de su lenguaje, pensamiento e instituciones. Esa hazaña merece más honor del que comúnmente se les ha otorgado, y una investigación más detallada". (Colonial Elites: Rome, Spain and the Americans, Oxford University Press, 1958, pag. 52).

El concepto básico del Imperio español no fue lo que hoy se denomina "colonial", más bien habría que calificarlo de reinos de ultramar, provincias, equiparables oficialmente con la madre patria. En la práctica los peninsulares consideraban a los nacidos en América, de sangre hispana y ciertos impuestos del Nuevo Mundo eran menos onerosos que en la propia España (la alcabala mexicana, 1570, era de porcentaje menor que en España).
Y en general la vida en América era con frecuencia más fácil y próspera que en muchos lugares de la Península
.

Naturalmente había abusos por los gobernadores, crímenes de todo tipo como es lógico en un territorio tan vasto y durante tanto tiempo pero también había una maquinaria judicial y legislativa que castigaban dichos excesos de forma que las normas de legalidad y su aplicación estuvieron vigentes como en cualquier sociedad civilizada. La Corona no intentó imponer en América algo extraño o inferior a lo que regía en la Península. Los impuestos, las ordenanzas municipales, estatutos universitarios, legislación criminal y civil, justicia, fomento de las artes, sociedades benéficas, prácticas comerciales, etc. eran análogas a las usadas en España y hay muchas pruebas de que en prácticas gubernamentales y privadas concernientes al bienestar público las acciones españolas demostraron una consideración muy avanzada para su época.

Según un catedrático de farmacología (Universidad México): "Lima en los días coloniales españoles tenía más hospitales que iglesias y, por término medio, una cama por cada 100 habitantes, índice considerablemente superior al actual de la ciudad de los Ángeles (California)".

Tres siglos de tutelaje español y de sincero interés oficial por el bienestar del indio americano es un récord no igualado por otros pueblos europeos en el gobierno de gentes de cultura inferior (o como tales considerados) en sus territorios de ultramar.
De todas las faltas, errores, crímenes cometidos y aún admitiendo intereses prácticos, y hasta egoístas de la Corona, España no necesita, en su comportamiento general con el indio americano, justificación ni excusa ante ningún pueblo o nación como demuestra la monumental Recopilación de las leyes de los reynos de las Indias, colecciones de correspondencia virreinal, edictos reales, y ordenanzas (locales e imperiales) que sustentan ese hecho histórico, amén de estudios mongráficos varios.


LA INQUISICIÓN EN AMÉRICA
A la inquisición española y su estructura iglesia-estado se les acusa de obscurantismo opresivo, de emponzoñar los tres siglos de dominio español y haber incubado los males que aquejan hoy a las naciones hispanoamericanas.

El prejuicio anticatólico hace que este mito sea más atractivo y muchos hispanoamericanos del XIX y XX han hecho gala de ello. Pero ningún estudio serio sobre la educación española, logros intelectuales en América (educación del indio, promoción de la literatura, historia, investigaciones científicas, instrucción universitaria, etc.) suscribe tal enjuiciamiento.

España también posee récord en ese apartado: 23 colegios superiores y universidades en América, con sus 150.000 graduados (incluyendo al pobre, al mestizo y a negros), hace que la conducta de por ejemplo los holandeses en las Indias Orientales (época más moderna y propicia) aparezca como mucho más obscurantista.
Los portugueses no establecieron ni una sola universidad en Brasil colonial, ni tampoco en ninguna posesión de ultramar.
El total de las establecidas por Bélgica, Inglaterra, Alemania, Francia e Italia durante los períodos más recientes de colonialismo afro-asiático desmerece al confrontarlo con los logros españoles muy anteriores en el tiempo.

El catedrático John Tate Lanning (Duke University): "hasta hace una generación la teoría de que todo producto intelectual europeo fue excluido de América por un celoso monarca y la Inquisición, se aceptó sin discusión. Pero ahora ningún investigador de prestigio pronunciaría sobre la abundancia de libros que existían en América basados exclusivamente en la apreciable "Recopilación de Indias" o en el "Índice de Libros Prohibidos". La llegada de la Ilustración europea a Hispanoamérica nunca fue tan obstaculizada como se deduce de los reglamentos y catálogos ... Una grandiosa y tenaz injusticia, que brota de las tradiciones y emociones de los primeros historiadores nacionales (Hispanoamérica) es la arrasadora condenación de la cultura colonial española, calificada como tres siglos de teocracia, obscurantismo y barbarie".

En toda Hispanoamérica, durante unos 250 años de existencia formal fueron ejecutadas poco más de un centenar de personas como resultado de procesos de la Inquisición. Es una cifra muy favorable en contraste con la tortura y ejecución de católicos en la Inglaterra de Isabel (1558-1603): 130 sacerdotes y 70 seglares, llegando a 250 incluyendo a los muertos en prisiones del Estado (en 45 años en un período y territorio muy inferior).
El cálculo de muertes de los acusados de brujería en los Estados alemanes durante el XVI y XVII sobrepasan, sobradamente, varios millares (Meyer y Janssen, Cap. 5, 7 y 8).

La Inquisición en América tuvo una incidencia poca significativa en la historia real de esos territorios pero muy importante en los prejuicios antiespañoles y porque aún hoy no es entendida.

El número total de ejecutados en nombre del Santo Oficio fue pequeño. El empleo de tortura física era relativamente infrecuente si se compara con el alto número de procesos y se aplicaba bajo criterios estrictos del reglamento, con garantías y condiciones más humanitarias que que la mayoría de procesos judiciales semejantes de la Europa de la época.
Gran parte de la jurisdicción del tribunal se refería a asuntos que ahora corresponden a juzgados civiles, como la bigamia, blasfemia, falso testimonio y otras inmoralidades como la perversión sexual.
En los XVI y XVII los períodos de mayor actividad de la Inquisición, la práctica de religiones disidentes era virtualmente sinónimo de traición, no sólo en España sino en el resto de Europa.

El Santo Oficio, en España y América, estaba subordinado a la Corona, salvo pequeñas excepciones carecían de jurisdicción (competencia) sobre los indios americanos.

La censura de libros se ejercía práctica y únicamente en la literatura religiosa sin afectar a las corrientes de las bellas artes, ciencia, etc. Además era una censura no muy estricta ni exigente por lo que su influjo sobre la cultura hispanoamericana es imperceptible y varios enemigos reconocidos de la Inquisición han reconocido que trató el problema de la brujería con tino esclarecido en tanto que en ciertas regiones de Europa se desencadenó una saña homicida en contra de la hechicería (Cecil Roth en Marranos, pag. 84).

Una de las principales actividades de la Inquisición se desarrolló en la disciplina de eclesiásticos descarriados actuando así como protección del pueblo contra comportamientos dañinos.

La Inquisición española soporta gran parte del peso de la Leyenda Negra por varias razones:
1ª.- sus pretensiones, métodos y poder fueron fiera y escandalosamente exagerados dentro de la general propaganda antiespañola del XVI, XVII y XVIII.
2ª.- el interés de la institución en la censura y el ataque a la herejía protestante ha sido aireado de forma desmesurada comparado con el resto de sus actividades.
3ª.- los escritos sobre el Santo Oficio han sido, casi sin excepción, sensacionalistas, sin objetividad y parcos en el uso de criterios comparativos, necesarios para entender y comprender el pasado en su marco justo.
4ª.- la práctica en boga, en especial desde el XVIII, de condena automática o dogmática de la Inquisición española, basada en tendencioso prejuicio, en la propaganda y el injusto hábito de usar cánones de la post Ilustración en materias moralísticas, religiosas, racionalistas, políticas y humanitarias enjuiciando hechos y sucesos pre Ilustración, fuera de contexto.
5ª.- de manera similar la Ilustración condenó el "obscurantismo" de la Edad Media y calificó "medievo" y "feudalismo" en términos oprobiosos pulverizando la religión revelada y la ley natural.
6ª.- los términos inquisición española e inquisidor vinieron a ser sinónimos de las más crueles opresiones.

Un rescoldo de lo anterior se usa todavía en el lenguaje anglosajón cuando se usan los térmnos: witch-hunting (caza de brujas) e inquisición de forma indistinta.

La realidad es que los españoles de América y sus descendientes tuvieron acceso a los grandes avances intelectuales de España, y lo que es más, las universidades americanas fueron réplica de la de Salamanca, una de las más famosas de Europa, así como todas las corrientes del pensamiento europeo durante los siglos XVI, XVII y XVIII a través de España.

La historia real de España e Hispanoamérica es un testimonio viviente de que los pueblos de origen español, tradicionalmente, no consienten una tiranía que la mayoría, o al menos una gran minoría, considera insoportable. España gobernó en América durante más de tres siglos sin soldados profesionales o fuerzas militares establecidas, excepto en algunas plazas donde eran necesarias para repeler piratas o ataques exteriores. Durante ese largo período no hubo rebeliones que indicasen un elevado grado de descontento con el gobierno de la Corona. Había, disturbios locales, conspiraciones y levantamientos pero a excepción de algunas rebeliones estrictamente indígenas, se podían encontrar peninsulares y americanos en ambos bandos, y como mucho fueron de carácter regional, casi sin rastro de espíritu separatista.

Incluso con la invasión napoleónica de la madre patria, la usurpación del trono y haber agitado el árbol de la independencia sólo consiguió que América tomase excepcionales medidas de tipo autónomo, la mayoría no intentó separarse de la metrópoli.
La independencia germinó lentamente y casi fue accidental con factores de mayor importancia que la idea de una rebelión popular contra la tiranía y el obscurantismo.

Ningún observador imparcial, bien documentado, podrá calificar ese período español en América de una tiranía opresiva, o de régimen de especial crueldad y obscurantismo.

Aún aceptando como ciertas las atrocidades descritas por Las Casas, y se admitiesen como usuales en la época, seguiría siendo error e injusto estimarlas imputables a los tres siglos como frecuentemente hace la propaganda. Error doble al aceptar, sin crítica, la versión de Las Casas.
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