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 Visión Teológica de la Historia CONCLUSIÓN

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ascuas
CAMARADA CAMISA NUEVA
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MensajeTema: Visión Teológica de la Historia CONCLUSIÓN   Dom 3 Nov - 21:45:23

CONCLUSIÓN
La serie se compone de cuatro partes y aquí veremos la conclusión.

A través de la historia humana hay dos formas fundamentales de pensamiento y de la vida: la católica y la agnóstica.

La tradición católica profesa el conocimiento cierto en un Ser perfectísimo, que libremente y en el tiempo ha sacado al mundo de la nada y al cual debe retorrnar la creatura.
Antes de existir una historiad del mundo existe desde la eternidad una metahistoria, de la que aquella depende como el efecto depende de su causa.
Entre la metahistoria y la historia, entre Dios y la creación, existe un abismo insondable, en la misma estructura del ser, por cuanto Dios es por esencia, y, en cambio, la creatura es por participación. Dios se basta a sí mismo plenamente, mientras la cratura precisa una dependencia absoluta de su Creador.

La creatura ha de retornar a Dios, de donde ha salido, peropor una gracia, por un don que se le da gratuitamente y que la ha de convertir en divina.

La culpa de la creatura ha determinado en la creación una catástrofe para cuya reparación ha venido el Hijo de Dios, que para ello ha tomado la naturaleza humana. Desde entonces Jesucristo, y la humanidad sólo en torno de Jesucristo, es el signo de la salvación para el mundo.

La fe católica es una raíz que determina una psicociocultura. En el plano individual produce los santos y en el social todo un modo de vida cultural que alcanzó su cumbre en la política de San Luis, Rey de Francia, en el arte de un Fra Angélico y en la filosofía de un Santo Tomás.

Pero la psico-socio-cultura católica proviene de la fe. Si el pensamiento no está impregnado por la fe,no es posible una cultura católica. Porque la cultura católica, como la fe, es una gracia. Y la gracia la da Dios gratuitamente, sin que la naturaleza sola pueda hacer nada para merecerla. Y la gracia primera es la de la fe, que es raíz de todas las otras gracias y virtudes. Por ello, no puede darse una psico-socio-cultura católica sin la fe católica.

La gracia supone la naturaleza y la fe el valor de la razón. La tradición católica envuelve verdades sobrenaturales, pero previamente y como fundamento de ellas supone verdades también puramente naturales. En rigor, el hombre puede acceder sin la gracia a esas verdades naturales, pero de un modo expedito y conveniente no podrá adquirirlas sin la gracia de la Revelación.
De aquí que el Tomismo, aún en la profesión de verdades puramente naturales, sea una gracia. La Metafísica cristiana no hubiera llegado nunca a descubrir la trascendencia del esse si el cristianismo no hubiera logrado descubrir que el esse es el constitutivo de la divina Esencia.

Sin la gracia del cristianismo la razón no hubiera podido evitar la confusión y las tinieblas que acompañan a la tradicción cabalística y gnóstica en el problema de las relaciones de naturaleza y gracia, de mundo e Iglesia; y aun, dentro de la razón misma, a las que existen entre los sentidos y la inteligencia, entre las fuerzas del apetito y las del conocimiento, entre Física y la Metafísica, entre el mundo de las esencias y el de esse.

De aquí que con la caída gnóstica, el hombre haya quedado profundamente afectado en la integridad de la naturaleza y de las facultades humanas. Su inclinación natural al bien y a la virtud ha quedado sensiblemente disminuida. Así, lo enseña expresamente Santo Tomás. En la justicia original, el hombre, tal como salió de las manos de Dios, se movía virtuosamente, y ello de un modo puramente espontáneo y natural. La concupiscencia y la ira, que son las pasiones fundamentales del ser humano, estaban sometidas a la razón, y la razón lo estaba a Dios.
El hombre estaba regido por las virtudes cardinales: fortaleza, templanza, justicia y prudencia. Al no experimentar ningún desorden en su vida práctica, ésa no le apartaba, sino que le empujaba a la contemplación.

Con la caída gnóstica, el hombre se ha hecho incapaz de contemplar las verdades que están por encima de él, y se ha convertido en un homo faber inclinado y propenso a mirar sólo por sus necesidades materiales. De aquí que los errores gnósticos entran de preferencia por la vida psico-socio-cultural, mientras que la tradición católica penetra por la fe y de ella se extiende a toda la realidad psico-socio-cultural.

Con la caída gnóstica el hombre queda preso de medio cultural y se hace incapaz de ejercer su libertad sobre las determinaciones sociológicas que le aprisionan y determinan. Esto acaece con el hombre antiguo, en especial con el de las civilizaciones orientales y con el hombre moderno, el de la técnica. El hombre antiguo absolutiza la realidad psico-socio-cultural de las fuerzas naturales, y el hombre moderno, en cambio, la de las fuerzas técnicas. Por ello, el hombre antiguo diviniza y sacraliza la naturaleza, mientas que el hombre moderno en el proceso de secularización diviniza todo el esfuerzo técnico, la tecnología se convierte en tecnocracia y en tecnolatría.

El milagro greco-romano, que, al valorizar la razón y la ley natural, se independiza en cierta manera de los errores gnósticos, se produce como una preparación providencial al Evangelio. La grandiosa visión teológica de la Edad Media no hubiera sido posible sin el vasto  trabajo de sistematización emprendido por Aristóteles, que llevó a su punto último la idea griega de un mundo ordenado como un coro. El cosmos suspendido en el amor a un Bien supremo que es Dios.

El espíritu medieval se empleará en hacer aparecer, como el espíritu griego, la convergencia de todos los seres, de todos los bienes, hacia el Bien, de todos los intereses materiales, intelectuales, y espirituales hacia la armonía total.
La Cristiandad de la Edad Media es, en este sentido, heredera directa del cosmos griego y su trasposición en el nivel superior de lo sobrenatural.

La recaída de la edad moderna en los errores gnósticos ya no puede producirse en la inocencia pagana. El paganismo queda vencido con el advenimiento del cristianismo. Ya el mundo no ha de conocer más la inocencia de la naturaleza del mundo pagano. Podrá apostatar del cristianismo y volver al paganismo, pero ha de ser a un paganismo colocado bajo otro signo, en cierto modo sobrenatural. Después de Cristo la lucha se entabla entre dos fuerzas típicamente sobrenaturales:
Una.- un sobrenaturalismo y mesianismo carnal,
Otra.- un sobrenaturalismo espiritual.

La lucha se entabla entre la Sinagoga y la Iglesia. El paganismo vuelve, pero ya bajo el manejo judaico. De aquí también que la recaída gnóstica de la edad moderna sea una recaída en una gnosis judaica o cabalística.

Tras el advenimiento del cristianismo, toda la dialéctica que agita el mundo cristiano se mueve entre los polos Iglesia-Sinagoga. Cristo vence a la Sinagoga. Y la era de los mártires de los primeros siglos del cristianismo, cuando la Sinagoga azuza al mundo pagano para que torture a los cristianos, ha de servir para regar la simiente cristiana que, vigorosa, ha de brillar con la Iglesia de los Padres y Doctores, sobre la Sinagoga.
El esplendor medieval de la Iglesia ha de reducir a la Sinagoga a la vida en los guetthos.

Pero en la edad moderna la Sinagoga se venga del exilio a que le redujo el mundo cristiano, y la Cábala penetra dentro de la Cristiandad hasta secularizarla y amenazarla con la secularización del mismo cristianismo.
Ante este fenómeno nos encontramos actualmente. Con la táctica de la "amistad" y del "diálogo judeo-cristiano", la Sinagoga está obteniendo un triunfo sobre la Iglesia. Es claro que, en manos de Dios, este triunfo puede en definitiva tocarse en un triunfo de la Iglesia.

La dialéctica Sinagoga-Iglesia se resuelve finalmente en un misterio más central y luminoso, en el misterio de Cristo. Cristo es el punto clave de la Historia. La Sinagoga prepara en su carne a Cristo. La Iglesia le continúa en espíritu. Pero, una en el sobrenaturalismo carnal y la otra en el sobrenaturalismo espiritual, ambas completan en el juego dialéctico de las fuerzas del bien y delmal el misterio completo de la redención cristiana.
Y el misterio de la Redención, aunque sólo tiene un fruto salvífico, no se cumple sino por la intervención de ambas fuerzas, las malas y las buenas.

La Historia, para ser completa, reúne en su seno, en una alianza misteriosa, estas dos fuerzas que sólo podrán ser resueltas en la escatalogía. Por eso en el tiempo, los hombres y con ellos la Historia, están dinamizados por Dios y por Satán, por Cristo y el Anticristo, por la Iglesia y la Sinagoga, por la Ciudad de Dios y por la Ciudad del Diablo. Todo mezclado en un mismo individuo, sea santo o pecador. y cada uno de los actos libres de cada hombre busca en definitiva a Cristo, o al Anticristo.

Uno de los errores más siniestros del progresismo cristiano, de la Cábala, es la tendencia a homogeneizar las acciones de los hombres, como si el mundo del mal no tuviera, en cierto modo, consistencia propia y no hubiera de ser separado y expulsado finalmente en la hora escatológica del reino de Dios.
Y el mal, en una malicia esclarecida y perfectamente deliberada, ocupa su lugar en la Historia. Los ángeles malos pecaron en un acto de perfecta lucidez. y en todas las generaciones humanas hay hombres que pecan sabiendo perfectamente lo que hacen y queriendo hacer el mal con perfecta lucidez.
No hay que negar el mal para que el bien resplandezca. Hay que mostrarle en su total malicia y ruindad para que brille con más fuerza la misericordia divina, que en definitiva ha de triunfar sobre la malicia y la debilidad del hombre.

La Historia, con el mal y con el bien, con los hechos profanos y con las acciones sagradas, ha de servir a Jesucristo y los elegidos. El curso y el fin de la Historia lo determina la Metahistoria. Y en la Metahistoria el acto final de la contemplación de lagloria que se llama la vida eterna.
Por esto la Historia corre hacia la etapa final que tendrá lugar después de la resurrección de los cuerpos y del juicio final. Allí Jesucristo, Señor del Tiempo y de la Historia, pronunciará el veredicto último y definitivo sobre la historia de los pueblos y del hombre. Allí se verá en una intuición abarcadora y total de las acciones de los hombres cuál es el pensamiento definitivo que Dios tiene sobre la Historia humana. Allí tendrá lugar la verdadera lección de la Teología de la Historia.

El progresismo, y con él todos los mesianismo y mileniarismos, quiere encerrar dentro de la historia el mismo juicio de la historia. El mundo camina hacia una Ciudad feliz, hacia una tercera edad de felicidad y de paz. Concebida a la manera del espíritu absoluto de Hegel o del comunismo de Marx, siempre ha de ser un acontecimiento nuevo que traerá un cambio radical en el comportamiento humano.

La teología de la historia de San Agustín y Santo Tomás ha visto que después del advenimiento de Cristo a la tierra nada nuevo ha de acontecer que pueda modificar el curso ordinario de los acontecimientos.

El hombre sólo puede vislumbrar generalidades sobre el curso de los acontecimientos y sobre la densidad de la historia. Esta densidad se ha de medir por un acercamiento más o menos grande a la norma de Cristo, que constituye el centro y el eje de la historia. La Historia se ha de acomodar a la tradición cabalística o a la tradición católica. Desde hace unos cinco siglos el mundo se está conformando a la tradición cabalística. El mundo del Anticristo se adelanta velozmente. Todo concurre a la unificación totalitaria del hijo de la perdición. De aquí también el éxito del progresismo. El cristianismo se seculariza o ateiza.

Como se hayan de cumplir, en esta edad cabalística, las promesas de asistencia del Divino Espíritu a la Iglesia y cómo se haya de verificar el portae inferi non prevalebunt, las puertas del infierno no han de prevalecer, no cabe en la mente humana. Pero así como la Iglesia comenzó siendo una semilla pequeñísima, y se hizo árbol y árbol frondoso, así puede reducirse en su frondosidad y tener una realidad mucho más modesta. Sabemos que el mysteriun iniquitatis ya está obrando, pero no sabemos los límites de su poder. Sin embargo, no hay dificultad en admitir que la Iglesia de la publicidad pueda ser ganada por el enemigo y convertirse de Iglesia Catóica en Iglesia gnóstica. Puede haber dos Iglesias, la una la de la publicidad, Iglesia magnificada en la propaganda, con obispos, sacerdotes y teólogos publicitados, y aún con un Pontífice de actitudes ambiguas; y otra, Iglesia del silencio, con un Papa fiel a Jesucristo en su enseñanza y con algunos sacerdotes, obispos y fieles que le sea adictos, esparcidos por toda la tierra. Ésta sería la Iglesia de las promesas, y no la primera, que pudiera defeccionar. Un mismo Papa presidiría ambas Iglesias, que aparente y exteriormente sería una. El Papa con actitudes ambiguas daría pie para mantener el equívoco. Porque,
- por una parte, profesando una doctrina intachable sería cabeza de la Iglesia de las Promesas.
- por otra, produciendo hechos equívocos y aún reprobables, aparecería como alentando la subervesión y manteniendo la Iglesia gnóstica de la Publicidad.

La eclesiología no ha estudiado suficientemente la posiblidad de una hipótesis como la descrita, pero si se piensa bien, la Promesa de Asistencia de la Iglesia se reduce a uan Asistencia que impida al error introducirse en la Cátedra de Roma y en la misma Iglesia, y además que la Iglesia no desparezca ni sea destruida por sus enemigos (Mt, 16, 13-20, 28, 18-20;  Juan 14, 16,26).

Ninguno de los aspectos de esta hipótesis queda invalidado por las promesas consignadas en el Evangelio. Al contrario, ambas hipótesis cobran verosimilitud si se tienen en cuenta los pasajes escrituarios que se refieren a la defección de la fe. Esta defección, que será total, tendrá que coincidir con la perseverancia de la Iglesia hasta el fin, Dice el Señor en el Evangelio: "pero cuando venga el Hijo del Hombre ¿encontrará fe en la tierra? (Lc, 18, 8).

San Pablo (II carta a los cristianos, de Tesalónica, 2, 3) llama apostasía universal a esta defección de la fe, que ha de coincidir con la manifestación del "hombre de la iniquidad, del hijo de la perdición".
Y esta apostasía universal es la secularización o ateización total de la vida pública y privada hacia la que está encaminado el mundo actual.


La única alternativa al Anticristo será Cristo, quien lo disolverá con el aliento de su boca. Cristo cumplirá entonces el acto final de liberar a la Historia. El hombre no quedará alienado bajo el inícuo. Pero no está anunciado que Cristo salvará a muchedumbre. Salvará sí a su Iglesia, "pusillus grex" (Lc. 2, 32), rebañito pequeño, a quien el Padre se ha complacido en darle el Reino.



SERIE  VISIÓN  TEOLÓGICA  DE  LA  HISTORIA:

1ª Parte:   http://accionjuvenil.espanaforo.com/t6508-vision-teologica-de-la-historia-1-parte-iglesia-poder-oculto

2ª Parte:   http://accionjuvenil.espanaforo.com/t6514-vision-teologica-de-la-historia-cabala-gnosis-y-filosofia

3ª Parte:   http://accionjuvenil.espanaforo.com/t6517-vision-teologica-de-la-historia-3-parte-invasion-de-la-cabala

4ª Parte:   http://accionjuvenil.espanaforo.com/t6526-vision-teologica-de-la-historia-4-parte-cabala-cristianismo

Conclusión.
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