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 Serie EL ANTICRISTO (6ª Parte) La Conquista de la Iglesia

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CAMARADA CAMISA NUEVA
CAMARADA CAMISA NUEVA
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MensajeTema: Serie EL ANTICRISTO (6ª Parte) La Conquista de la Iglesia   Mar 12 Nov - 16:35:23

A  LA  CONQUISTA  DE  LA  IGLESIA
El Iluminismo fue la supermasonería creada por el Poder Oculto para dirigir la Revolución en Francia, cumplida su misión sus documentos fueron capturados por el gobierno bávaro y se exhiben en los archivos de Munich.

Era preciso crear otra nueva organización supermasónica para el nuevo movimiento que se preparaba. Así el Poder Oculto generó el CARBONARISMO.

En los inicios del XIX, cuando ya era evidente que la Revolución involucionaba, comienzan a aparecer en Italia las primeras VENTAS Carbonarias.
A inicios del siglo están en Capua y Nápoles. En 1816 ya cuentan en Calabria con 60.000 afiliados. En 1820 el ttoal de miembros en toda Italia asciende a 600.000.
La misión del Carbonarismo era voltear los tronos.

Y por encima de las Ventas Carbonarias hay otra superestructura (que se sepa): la Alta Venta. Sólo compuesta por 40 miembros, todos ocultos bajo pseudónimos, cuyo misterio nunca ha sido desvelado. Muchos pertenecían al patriciado romano, otros eran judíos,

El Judaísmo siempre se reserva el control de los movimientos revolucionarios que suscita

El jefe de los 40 se escondía bajo el pseudónimo de Nubius. Era un gran señor, con una alta situación en la diplomacia romana lo que lo relacionaba con los cardenales y toda la aristocracia romana.

El principal lugarteniente de Nubius era judío, su apodo: Piccolo Tigre. Según Crétineau Joly su actividad era infatigable, no cesa de recorrer el mundo para suscitar enemigos de la Iglesia. Con frecuencia va a París, Londres, Viena, Berlín, por todas partes deja trazas de su paso, por todas afilia a las sociedades secretas, y aún a la Alta Venta, a los más activos miembros con que puede contar la impiedad.
A los ojos de los gobiernos es un negociante de oro y plata, no vive más que de sus negocios y solo se ocupa de su comercio. Visto de cerca, estudiado a la luz de su correspondencia, es uno de los agentes más hábiles de la destrucción preparada. Es el ligamento invisible que reúne en la misma comunidad de tramas todas las corrupciones secundarias que trabajan en la destrucción de la Iglesia" (citado por Delassus en "La Conjuratión Antichretienne" T II, pag. 333).

Otro de los cuarenta era Gaetano "un rico lombardo que había encontrado el medio de servir a la secta y traicionar a Austria, convirtiéndose, a fuerza de hipocresía, en el confidente y secretario íntimo del Príncipe Metternich. Desde esta situación puede observar qué ocurre en Europa, está al corriente de los secretos de todas las cortes y en correspondencia con Volpe, Vindice o Beppo (miembros, también, de la Alta Venta) en otras palabras con todos los que han formado el propósito de aniquilar el Catolicismo y hacer triunfar la Revolución (Delassus, ob. cit. T. II pag. 333).

Actualmente se conocen, en parte, los secretos de la Alta Venta gracias a sus papeles que vinieron a parar (en 1845) a los Archivos Vaticanos, pero en su época era totalmente desconocida, incluso para los carbonarios que dependían de ella.
Mazzini, alma del Carbonarismo, y jefe desde 1834, llegó tan solo a sospechar su existencia y pidió ser admitido, pero fue rechazado.
El porqué lo explica Nubius, en carta a Beppo (con fecha 67 de abril 1836): "Mazzini tiene demasiado los aires de un conspirador de melodrama, para convenirle el papel oscuro que nosotros nos resignamos a representar hasta nuestro triunfo". Luego aconseja "que se haga entender que tal sociedad no existe, y que si existiera era imprudente y peligroso solicitar la admisión a secretos para cuyo conocimiento no se ha sido elegido. Yo que conozco su prudencia consumada apuesto que este pensamiento producirá cierto efecto sobre el rufián".

Por encima de la Alta Venta está el Poder Oculto, tan misterioso para los Cuarenta como ellos para los Carbonarios.
Uno de los Cuarenta, Malegari, escribía a Breindenstein en 1836: "nosotros queremos romper toda especie de yugo, y hay uno que no se ve, que se siente apenas y que pesa sobre nosotros ¿De dónde viene? ¿Dónde está? Nadie lo sabe, o al menos, nadie lo dice. La asociación es secreta, hasta para nosotros, los veteranos de las asociaciones secretas. Se exigen de nosotros cosas que, a veces, son como par enderezar los cabellos sobre la cabeza ¿Creeréis lo que me dicen de Roma, que dos de los nuestros, bien conocidos por su odio al fanatismo, han sido obligados, por orden del Jefe Supremo, a arrodillarse y comulgar en la última Pascua? yo no razono mi obediencia; pero quisiera saber a donde nos conducen tales capuchinadas" (Delassus, ob. cit. pag. 336)

¿Cuál es esa asociación? ¿Quién su jefe supremo? Nadie lo descubrió nunca pero los que durante muchos años hemos estado rastreando y palpando la obra del Judaísmo, el misterio solo tiene una respuesta: el Poder Oculto Judaico.

La misión asignada a la Alta Venta aparte de dirigir el Carbonarismo fue la destrucción de la Iglesia Católica. Y para ello se concibió el siguiente plan: hacer la Revolución, no contra la Iglesia, sino en la propia Iglesia.

En efecto, la instrucciones secretas recibidas por los Cuarenta, decían: "lo que debemos pedir, lo que debemos desear y esperar, como los judíos esperan al Mesías, es un Papa según nuestras necesidades ... con eso marcharemos más seguramente al asalto de la Iglesia que con los panfletos de los hermanos de Francia y el oro de Inglaterra ¿Queréis saber la razón? Es que con eso, para herir la roca sobre la que Dios ha colocado a la Iglesia, no tendremos más necesidad de vinagre anibaliano, ni de pólvora, ni aún de nuestros brazos. Tendremos el pequeño dedo del sucesor de Pedro enredado en el complot, y ese pequeño dedo vale más para esta cruzada que todos los Urbano II y todos los San Bernardo de la Cristiandad" (Delassus, ob. cit. T. II, pag. 368) ¿Cómo lograr la realización de semejante plan? las mismas instrucciones dicen: "para asegurarnos un Papa en las condiciones exigidas, se debe formarle primero una generación digna del reino que nosotros soñamos"
Y el medio para formar esa generación era uno solo: la CORRUPCIÓN de la IGLESIA, en sus fieles y en su clero. Debemos hacer la educación inmoral de la Iglesia"
(carta de Nubius a Volpe el 3 de abril de 1824).

Esta corrupción abarca un doble aspecto: las costumbres y las ideas.

CORRUPCIÓN  DE  LAS  COSTUMBRES:
Como escribía Vindice a Nubius: "el Catolicismo no tiene más miedo de un estilete bien afilado que la Monarquía; pero estas dos bases del orden social pueden desplomarse bajo la corrupción. No dejemos jamás de corromper. Tertuliano decía, con razón, que la sangre de los mártires era semilla de cristianos. Ha sido decidido en nuestros consejos que no haya más cristianos; no hagamos, entonces, mártires; pero popularicemos el vicio de las multitudes. Que lo respiren por los cinco sentidos, que lo beban, que se saturen. Haced corazones viciosos y no tendréis más católicos".

CORRUPCIÓN  DE  LAS  IDEAS:
En primer lugar por sugestiones, antitradicionales y revolucionarias, emanadas del Poder Oculto y difundidas en las sociedades secretas y desde estas en las múltiples sociedades y mass media que controlan.

En segundo lugar por palabras, slogans cuyo fin es corromper las ideas e infundirlas por sugestión y/o repitición en el alma de los pueblos.
En Masonería a Derecho y al Revés,  (citado por Serra y Caussa) : "las discusiones sabias -decía Mazzini- no son necesarias ni oportunas. Hay palabras regeneradoras, que contienen todo aquello que es necesario repetir frecuentemente al pueblo: libertad, derechos del hombre, progreso, igualdad, fraternidad, etc. He aquí lo que el pueblo comprenderá, sobre todo si se el oponen otras palabras como despotismo, privilegios, tiranía, etc.".

Tales sugestiones y palabras tendían, no a convertir a los católicos al anticristianismo, sino a que, creyéndose católicos, fuesen en realidad anticristianos. "Que el clero marche bajo nuestro estandarte creyendo siempre marchar bajo el pendón de las llaves apostólicas, decían las instrucciones". (citado por Delassu, ob. cit. T II, pag. 531).

Por ejemplo las palabras:
[Blibertad[/B] tiene un sentido católico, cuando se subordina al Bien y a la Verdad, a ese Verdad que nos hace libres, según Jesucristo. Pero el Poder Oculto y sus secuaces nos endosan la misma palabra tergiversando su sentido, no el que dio Cristo, sino el que le dio Lucifer cuando dijo no serviré; y "con nombre de libertad -dice León XIII- defienden una licencia absurda, destructora de toda autoridad".

igualdad también puede ser cristiana, "No hay distinción -dice San Pablo- entre el hombre libre y el esclavo: todos somos hermanos en Jesucristo". Pero en la corrupción judeomasónica solo significa destruir el orden social, mediante la desaparición de las jerarquías naturales y necesarias.

fraternidad ¿Qué es sino la caridad cristiana, despojada de su sentido sobrenatural y asentada sobre una base puramente naturalista y humanitaria?

democracia todos estamos de acuerdo, incluso Santo Tomás de Aquino, en la necesidad de que el pueblo esté representado en el gobierno. Pero el Poder Oculto disfrazó, bajo esa palabra, la negación del origen divino del poder.

En realidad un plan diabólico que se ejecuta mediante una intensa propaganda por todos los medios: libros, sugestiones individuales, mass media, etc.
Las instrucciones lo tenían todo previsto: "una vez establecida vuestra representación en los colegios, en los gimnasios, en las universidades y en los seminarios, una vez captada la confianza de los profesores y de los estudiantes, haced principalmente que aquellos que se enrolan en la milicia clerical gusten buscar vuestras pláticas. Ofrecedles, al principio, libros inofensivos; después, poco a poco, conducid vuestros discípulos al grado de cocción querido. Debéis tener el aire de ser simples como palomas; pero seréis prudentes como las serpiente ... En algunos años, ese joven clero tendrá, por la fuerza de las cosas, acaparadas todas las funciones, gobernará, administrará, juzgará, formará el consejo del soberano, será llamado a elegir Pontífice, como la mayor parte de sus componentes, estará necesariamente más o menos imbuído de los principìos italianos y humanitarios que nosotros vamos a comenzar a poner en circulación" (citado por Delassus, ob. cit. T II, pag. 483 y T III, pag. 1045).

Mientras así preparaban las sectas al futuro clero no se descuidaba la seducción del actual, y sobre todo de sus más altas figuras. Nubius, en carta al judío Klausse, se muestra enteramente dedicado a ello: "yo paso a veces -dice- una hora de la mañana con el viejo Cardenal della Somaglia, secretario de Estado; monto a caballo, sea con el Duque de Laval, sea con el Príncipe Cariati; voy, después de la misa, a besar la mano de la Princesa Coria o encuentro, muy a menudo, a Bernetti. De allí me encamino a lo del Cardenal Palotta; después visito en sus celdas al procurador general de la Inquisición, el dominico Jaulot, al teatino Ventura o al franciscano Orioli. Por la tarde comienzo en casa de otros esta vida de ociosidad tan bien ocupada a los ojos del mundo y de la corte. Al día siguiente reinicio esta cadena interminable" (Delassus, ob. cit. T II, pag. 370/7).

"Este ataque desgraciadamente tuvo bastante efecto, no sobre la Iglesia en sí, sino sobre cierto número de católicos. Hubo algunas apostasías, como la de Lammenais, y hubo, sobre todo, un pequeño sector que se dejó seducir y que bajo diversos nombres y distintas modalidades -católicos liberales, demócratas cristianos, progresistas, americanistas, modernistas, silloistas, "maritainianos"- ha perdurado hasta nuestros días, en que pareciera recibir un nuevo impulso" (Julio Meinveille en su obra: "De Lammenais a Maritain").

A este relativo éxito se refería Gaetano en su carta a Nubius: "en el espacio de pocos años hemos hecho mucho camino. La desorganización reina por doquier ... en el corazón de los nobles come en el de los sacerdotes. Todos se han doblegado bajo el nivel que queremos imponer a la humanidad para humillarla. El mundo está lanzado por el camino de la Democracia" (Delassus, ob. cit. T II, pag. 530).

Y un obispo ejemplar, Monseñor Meirieux aludía a estos católicos infeccionados de liberalismo en una pastoral de 1864: "Tal es la sagacidad con que el espíritu del mal ha tendido sus lazos, que extravía a espíritus rectos, que los fascina al punto de hacerlos sus defensores. Se opera bajo nuestros ojos lo que se verá en el último día: un gran misterio de seducción. Parece, si esto fuera posible, que ni aún los mismos elegidos escaparían" (Delassusob. cit. T II, pag. 501).

Si bien diversos católicos cayeron en la trampa, la Iglesia,asistida por el Espíritu Santo, vio cumplirse una vez más la promesa de Jesucristo: "las puertas del infierno no prevalecerán contra ella".

Y ya en 1844 Beppo, decepcionado, escribía a Nubius lamentándose de que, "pese a las conquistas hechas entre "religiosos de todas las órdenes, sacerdotes de todas condiciones y aún en ciertos Monseñores intrigantes y ambiciosos" no habían podido lograr ningún jesuíta, ni ningún Cardenal". Menos aún el Papa.
Con la muerte de Gregorio XVI, la secta pareció alentar ciertas esperanzas con Pío IX, pero en 1864 con el Syllabus, Pío IX asestó el golpe de muerte al catolicismo revolucionario. La proposición 80 lo condenaba expresamente, al anatemizar su tesis: "El Romano pontífice puede y debe reconciliarse y transigir con elprogreso, liberalismo y civilización moderna".

Cinco años después el Concilio del Judaísmo reunido en Leipzig bajo presidencia de Lázarus, aprobaba la siguiente conclusión: "El sínodo reconoce que el desenvolvimiento y la realización de los principios modernos son la más segura garantía del presente y del porvenir del Judaísmo y de sus miembros. Son las condiciones más enérgicamente vitales para la existencia expansiva y el más alto desarrollo del Judaísmo" Era la respuesta al Syllabus.
Pero mucho antes de darla, los judíos habían renunciado a conquistar la Iglesia por medio de la astucia de los Cuarenta, y habían vuelto a confiar en la violencia de Mazzini y sus carbonarios, mientras Nubius, despojado de su jefatura en 1844, moría envenenado cuatro años después, tal vez porque sabía demasiado.


EL  CARBONARISMO.
La acción de los Carbonarios fue esencialmente política pero bajo pretextos políticos combatió siempre a la Iglesia. El Poder Oculto les había encomendado la misión de voltear los tronos.

El Carbonarismo comenzó a manifestarse en 1814, con su propósito de dar una constitución al Reino de Nápoles y con el apoyo del Rey Murat pero fracasó por la restauración de Fernando I.
En 1817 empezaron a actuar en los Estados del Papa intentando destruir su poder temporal. Provocaron la revuelta de Macenta sofocada por las tropas pontificas.
En 1820 vuelven a la carga en Nápoles obligando a Fernando I, mediante una revolución, a establecer la constitución española de 1812 y confiar el gobierno a los jefes del movimiento. La oportuna intervención de Austria volvió las aguas a su cauce.
También revolucionaron Cerdeña e igualmente Austria restableció la tranquilidad.
En 1821, aliados y mezclados con los carbonarios, aparecieron en ESPAÑA los COMUNEROS, célebres por sus crímenes.
Según Menédez y Pelayo, (en Historia de los Heteredoxosos Españoles, T. III, pag. 504): "Rotten hace salir de Barcelona en su fúnebre tartana a todos los prisioneros sospechosos y les prepara el camino, a guisa de malhechor, emboscadas donde todos sucumben. Así perecieron el obispo de Vich y el lego que le acompañaba; así el 17 de noviembre de 1822, 24 vecinos de Manresa, entre ellos el jesuíta Urigoitía, consumado humanista, el Canónigo Tellada, que tenía grandes conocimientos matemáticos, y el Doctor Font y Ribot.
En La Coruña el brigadier Méndez Vigo, parodiando el proconsulado de Carrer en Nantes, manda arrojar al mar a ballonetazos, en plena noche, a 51 presos políticos (muchos clérigos y frailes) cuyos ensangrentados y deformados cadáveres (cráneo machacado con los remos) volvieron, al día siguiente, debido a las mareas a dar testimonio de la ferocidad jacobina
".

La influencia Carbonaria se extendió hasta Rusia. Pestel y Mouravieff mantuvieron correspondiencia con Nubius y se crea la logia "Unión y Bienestar" que en 1823 planea una serie de asesinatos, incluido el del Emperador Alejandro I  luego en 1825 moriría el Emperador en forma misteriosa. Su sucesor Nicolás I, gracias a su energía salvó la vida y envió a los conspiradores (18 carbonarios italianos encomendados para cometer el magnicidio) a Siberia desde donde mantuvieron correspondencia con el judío Piccolo Tigre (Cfr. Charlas, "La Cuestión Judía", pag. 117).

El mayor éxito carbonario se obtuvo en Francia. Importado de Italia por masones franceses que habían participado en la revolución de Nápoles, comenzaron a actuar después de Decazes, ministro masón de Luis XVIII y desalojado del gobierno con motivo del asesinato del Duque de Berry.
Su centro era la logia "Los Amigos de la Verdad", organizaron una intensa campaña de oposición mediante la tribuna y la prensa, así como conspiraciones militares: Belfort, Saumur y La Rochelle.

Bajo el reinado de Carlos X, carbonarios y masones siguen conspirando. Aparece una sociedad más misteriosa aún: la "Orden del Nuevo Templo", la asociación "Aide-toi le ciel t'aidera" presidida por Guizot y controlada por la masonería. Diputados como Casimir Perier y Benjamín Constant conocen el secreto y encubren la conspiración.
La reglamentación de la libertad de prensa por el gobierno de Carlos X fue la señal de la rebelión, que estalló en julio 1830. El encargado de defender al Rey: general Maison se encuentra en Rambouillet, rodeado de tropas fieles y en condiciones de reprimir fácilmente el levantamiento; pero antes de que los sediciosos aparezcan emprende la fuga y les entrega el triunfo, esto es historia conocida, lo que no se conoce tanto es que el general Maison era "Inspector General del Gran Oriente" (Copin Albancelli en Le pouvoir oculte contre la France, pag. 337)

James Rothschild que no había obtenido de la monarquía legítima ciertos favores a cambio de su ayuda financiera a Luis XVIII "facilitó el triunfo" (según Hosmer en Historia de los Judíos, pag. 228).

Y como diría el alto grado masón Dupin: "no penséis que en tres días se haya hecho todo. Si la revolución ha sido tan pronta y súbita es porque no tomó a nadie desprevenido ... La hicimos en pocos días porque teníamos la clave que nos permitió substituir inmediatamente con un nuevo orden aquél que acabábamos de destruir. Desde que el Carbonarismo se estableció en Francia, bajo las formas que ciertos hombres, ahora pares de Francia y funcionarios públicos, fueron a buscar a Italia y Alemania, tuvo por fin la destrucción de todo poder irresponsable y hereditario" (Copin Albancelli en "Le pouvoir oculte contre la France", pag. 376)

Derrocado Carlos X el trono correspondía al Duque de Orleáns, pero fue proclamado rey el masón Luis Felipe de Orleáns, hijo del regicida Felipe Igualdad. Luis gobernó rodeado de sus "hermanos" de secta: Decazes, La Fayette, Dupont de l'Eure, Talleyrand, Mérilhon, Charles Teste, etc.

La Revolución de 1830 no se redujo a Francia, fue el punto de partida y apoyo al movimiento ANTICATÓLICO y antimonárquico que desde París se extendió a toda Europa, previamente sembrado por Carbonarios y Masones.

En Italia hubo insurrecciones en los Estados Pontiicios, Parma y Módena sofocadas gracias al auxilio de Austria. Francia las apoyó ocupando Ancona.

En Alemania hubo también disturbios, En Brusnwick se expulsó al Duque Carlos. Sajonia, Hannover y en el Hesse electoral se exigen, y consiguen, constituciones liberales. En 1833 en Francfort estalla una revolución con el objetivo de disolver la Asamblea Federal y establecer la República.

En España y Portugal los liberales sostenían a Dª Isabel y a Dª María, respectivamente, reciben apoyo francés e inglés y logran imponerse a D. Carlos y D. Miguel.
En Madrid organizan, 1834, una matanza de frailes, haciendo cundir la voz de que habían envenenado las aguas. Imagen repetida al año en Zaragoza, Reus, Barcelona, y Murcia.
Martínez de la Rosa, masón y presidente del Consejo de Ministros, dejó declarado de puño y letra que estas matanzas fueron obra de las sociedades secretas (Menéndez y Pelayo, en Historia de los heterodoxos españoles, T III, pag. 589 y ss)
En 1835 llegó al gobierno el judío y masón Mendizábal, quien para "solucionar" los problemas financieros de España no encontró mejor medida que EXTINGUIR las órdenes religiosas y la incautación de sus bienes por el Estado.

El aspecto más audaz y hábil de la campaña de 1830 fue la campaña contra la Santa Sede, a instigación del vizconde Palmerston, estadista inglés y uno de los más altos jefes de la Masonería, Luis Felipe embarcó a los ministros de Austria, Rusia y Prusia en una maniobra diplomática.
En 1831 se reunió una conferencia y se redacto el Memorandum, verdadera intimación dirigida al Papa Gregorio XVI, en la que se le EXIGÍA la convocación en Roma de una consulta de Estado formada por el concurso del pueblo de los Estados Pontificios, una nueva y amplia reorganización de las municipalidades, el establecimiento de consejos provinciales, la admisión de laicos en funciones administrativas, ..., y una amplia amnistía para los delincuentes políticos.
El Papa respondió: "la barca de Pedro ha sufrido pruebas más duras. Afrontaremos ciertamente, la tempestad. El trono de Luis Felipe de Orleans se desplomará, pero éste no"
A su muerte le sucede Pío IX. Como dice Crétineau Joly "no sabiendo aún que, es preciso no tocar a la Revolución más que para cortarle la cabeza, lo que haría después con Syllabus, creyó poder conceder algo de lo que se le demandaba"

Mientras el movimiento de 1830 actuaba contra el Catolicismo, no dejaba de beneficiar en toda forma a sus inspiradores: los judíos.
Así lo reconoce el historiador israelita Graetz cuando afirma: "de repente, del Occidente apareció sobre el cielo límpido un relámpago; se oyó un trueno formidable; siguieron los días de Julio de 1830. Nadie ha previsto esta revolución, nadie la ha preparado. Ni siquiera los que tomaron parte en ella se daban bien cuenta de lo que pasaba, y eran tan solo instrumentos ciegos de los promovedores de los destinos históricos ... El cambio producido por la revolución, ante todo, ha sido útil para los judíos" (Graetz en Historia de los Judíos, T V, pags. 181/4).

En Francia los ultrajes y ataques a la Iglesia católica son constantes y se tolera una intensa campaña contra ella, los rabinos judíos, por medio del masón Viennet, solicitan una subvención oficial. El Ministro de Instrucción Pública y Culto, Mérilhon, masón, presenta un proyecto en tal sentido, y la ley es promulgada por Luis Felipe (8 febrero 1831) y su cuantía se detrajo de la subvención al clero católico.

La Revolución y Napoleón habían abierto las puertas a los judíos. El movimiento de 1830 les permitió pasar, con Luis Felipe aparecen en gran cantidad en Parlamento y Senado, (Informe Anual de "Archives Israelites" año 5647, pag. 62),incrementan su influencia económica  y James Rothschild financia el ferrocarril (Revue Internationale des Societés Secretes, 15 abril 1936, pag. 253).

Catorce años después según un diputado en la Cámara de los Comunes, el judío Disraeli, la influencia judaica en Europa es la siguiente: " "esa diplomacia rusa, tan llena de misterios y ante la cual palidece Europa Occidental entera ¿Quiénes la organizan y dirigen? Judíos. La poderosa revolución que se prepara y se arma en Alemania, donde, de hecho, será quizás una segunda reforma, más considerable que la primera ¿bajo qué auspicios adquiere la plenitud de su desarrollo? Bajo los del judío. ¿A quién en Alemania, ha tocado el monopolio casi completo de todas las cátedras profesionales? Neandro, el fundador del catolicismo espiritual y Regius, el profesor de teología de la Universidad de Berlín ¿No son dos judíos? Bénary, esta ilustración de la misma Universidad, es también judío. Y es un judío aún Welh, el profesor de Hidelberg. En una palabra ¿cuál es el número de los profesores alemanes de raza judía? ¡una legión!.
Tras mi llegada a San Petesburgo, tuve una entrevista con el ministro de finanzas de Rusia, el Conde Cancrin, era hijo de un judío lituano.
En España, había obtenido del ministro Mendizábal una audiencia, es lo que soy: el hijo de un judío, de un convertido de Aragón.
En París quise conocer al Presidente del Consejo, y tuve ante mis ojos un héroe, un mariscal del Imperio (que estuvo en su día a punto de sentarse en el trono de Portugal), en una palabra, el hijo de un judío francés, Soult. ¡Y qué! ¿Soult es judío? Si, sin duda, lo mismo que otros muchos mariscales del Imperio, a la cabeza de los cuales Masséna, que entre nosotros se llama Manasseh ...
Cambio París por Berlín, y el ministro que tengo que visitar es un judío prusiano
"

Y Disraeli agrega, con profundo conocimiento de causa: "este mundo está gobernado por personajes muy distintos de los que se figuran aquellos que no ven lo que pasa detrás de los bastidores" (Disraeli en Coningsby, pags. 183/4).

1789 había sido la primera etapa de la lucha por la conquista de Europa. 1830 fue la segunda, 1848 sería la tercera.
Para esta tercera etapa el Poder Oculto movilizó sus fuerzas bajo una nueva asociación: la Joven Europa. Con ella inspira a cada pueblo del continente los "ideales nacionales" que convenían al Judaísmo.
Convenía la unidad de Italia para desalojar de ella el poder temporal del papado y la influencia católica de Habsburgo.
Le convenía la unidad germánica bajo la hegemonía de Prusia, para crear en Europa un fuerte núcleo protestantes y masónico en desmedro de la católica Austria.
Le convenía usar a Francia para conseguir ambos fines, resucitando la quijotesca política revolucionaria de "proteger" a los "pueblos" italianos y alemán.

En la procura de tales "ideales nacionales" nacen los movimientos secretos correspondientes: la Joven Italia, la Joven Alemania, la joven Francia. Y así van surgiendo por Europa otras "Jóvenes" inconscientes siempre al servicio del Judaísmo.

La lucha comienza en Francia. Luis Felipe, aunque masón, no era el ideal para dirigir a Francia en el papel asignado. Entendía que la causa de Francia era la causa de Francia, y no de la libertad, ni de las nacionalidades, ahora era un estorbo que había que eliminar.
En 1847 se reúne en Estrasburgo un Congreso Masónico internacional. Representan a Francia, entre otros,: Lamartine, Cremiexu, Cavaignac, Caussidiere, Ledru Rollin, Louis Blanc, Proudhon, Marrast, Marie y Pyat. Deciden la substitución de la monarquía por la república.
En octubre de ese año, Glasbrenner, judío y masón, publica en Berlín un calendario en el que, bajo la fecha de 26 de febrero 1848, se lee la siguiente inscripción: "la casa de Luis Felipe hace su inventario: el pasivo sobrepasa al activo"

Cinco directores de logias parisinas preparan la revolución (Cardenal José Mª Caro en El Misterio de la Masonería", pags. 122/3) estallará el 24 de febrero, con dos días de diferencia con la fecha señalada en el calendario de Glasbrenner.
Odilon Barrot, masón de la logia de los Trinósofos y Presidente del Consejo de Ministros, tras jurar fidelidad a Luis Felipe, hizo cesar el combate contra los revolucionarios y se organizó el gobierno provisional (ob. cit.). Los componentes de este "gobierno" son los mismos que representaron a Francia en el Congreso Masónico de Estrasburgo, sus 12 miembros son todos masones, y un par, judíos.

El 6 de mayo el gobierno provisional recibe a una delegación oficial de las Logias, la crónica sobre el acto del periódico "Le Moniteur" del 7 de marzo es: "los delegados, llevando sus insignias, fueron recibidos por Cremieux y Garnier Pages, miembros del Gobierno Provisorio, revestidos, también, con sus insignias masónicas. Saludaron el triunfo de sus principios y se felicitaron de poder decir que la patria entera ha recibido, por los miembros del gobierno, la consagración masónica"
Pocos días después visitan al Gobierno Supremo Consejo del Rito Escocés y el Gran Oriente. al recibir a éste último el judío Cremieux proclama la siguiente gran verdad: "La República está en la Masonería".

Pero la revolución de 24 febrero en París es solo el primer eslabón de una cadena.
El 13 de marzo estalla en Viena, el 18 de marzo, el masón, Von Gagern proclama la república en Berlín;
el mismo día comienza la revolución en Milán,
el 20 en Parma;
el 22 en Venecia, Roma, Nápoles y la Toscana.
La república se instala en Roma y la anarquía se apodera de Austria.
Las dos "bestias negras" del Judaísmo: el Papa y el Emperador, huyen de Roma y de Viena para refugiarse, respectivamente, en Nápoles y en Innsbruck.
El triunfo judeomasónico es completo.

Esta sincronización sólo se explica como hace Gougenot des Mousseau en su libro "El Judaísmo y la Judaización de los Pueblos Cristianos": "cuando la recrudescencia revolucionaria de 1848 -dice- yo me encontraba en relación con un judío que, por vanidad, traicionaba el secreto de las sociedades secretas a que pertenecía y me advertía con ocho o diez días de anticipación, de todas las revoluciones que debian estallar en un punto cualquiera de Europa. Yo le debo la convicción inquebrantable de que todos esos grandes movimientos de "los pueblos oprimidos" son combinados por una media docena de individuos que dan sus órdenes a las sociedades secretas de Europa entera".

Lo ocurrido en Francia ilustra el aserto. El movimiento "popular" de 1848 es derrotado en las elecciones en una Francia católica y monárquica. La Asamblea Nacional rehusó, entonces, secundar los planes prefijados por el Poder Oculto. ¿Qué sucedió? el Judaísmo al ver que la democracia no le resondía buscó a un dictador, un hombre ligado a las sociedades secretas, y eligió al carbonario y rosacruz Luis Napoleón Bonaparte.
Según Delassus "esta dictadura fue preparada y patrocinada por la Masonería internacional y particularmente por uno de sus grandes jefes: Lord Palmerston, ministro inglés y Gran Maestre de la Masonería Universal.
El príncipe Murat, primo de Luis Napoleón, era Gran Maestre de la Masonería francesa desde el 3 de noviembre de 1851, o sea desde el día siguiente a aquel en que Napoleón disolvió las Cámaras, siendo Presidente
".

En 1852 se realizó en París otro Congreso de jefes de las sociedades secretas europeas. Allí se resolvieron la dictadura, bajo el nombre de Imperio, en la persona de Luis Napoleón, y la revolución italiana. Solo tres miembros del Gran Congreso persistieron con Mazzini en pedir el establecimiento de una república democrática. La gran mayoría pensó que una dictadura llevaría mejor los asuntos de la Revolución y el Imperio fue decretado (Henri Delassus en "La Conjuration Antichretienne" T I, pag. 248, nota 2).
Así, seis meses antes de la proclamación oficial, Napoleón era proclamado por la Masonería. A su lado no faltaba un judío, su ministro de hacienda: Aquiles Fould.

Entre tanto no soplaban buenos vientos para los revolucionarios de "la Joven Europa". Inicialmente la Revolución del 48 había beneficiado a los judíos en todas partes.

En Alemania "los cimientos de cada estado fueron sacudidos violentamente y los aterrorizados reyes y príncipes se apresuraron a dar constituciones. Los judíos fueron incluidos en los privilegios distribuidos; fueron elegidos en los parlamentos y tomaron parte en las deliberaciones que buscaban solución a los nuevos problemas constitucionales" (Abraham León Sachar en Historia de los Judíos, pag. 381)

En Austria "se proclamó la libertad religiosa, se abolieron los guettos, desparecieron los impuestos judíos especiales, y en el primer parlamento, el rabino Meisels de Galicia, con caftán y streimel, deliberó lado a lado con importantes diputados cristianos" (Ibidem).

En Hungría el lider nacional, Kossuth "abogó vigorosamente por la igualdad judía y en la primera asamblea nacional húngara se concedieron, a los judíos, completos derechos civiles y políticos" (Ibidem).

Pero en 1849 sobrevino la reacción y Hungría fue sometida. El antiguo orden de cosas también se restauró en Austria y Alemania. Si bien en ésta los judíos mantuvieron las posiciones conquistadas, como dice el israelita Graetz: "La Joven Alemania, que se formó en 1848, es la hija de los judíos".

En Italia, el rey de Piamonte, Carlos Alberto, se había puesto al frente del Partido de la independencia y de la unidad italiana y había ocupado Lombardía. Los austríacos lo vencieron en Custozza. Una nueva campaña piamontesa terminó con dos triunfos austríacos: Mortara y Novara. Carlos Alberto tuvo que abdicar en favor de su hijo Victor Manuel II. Debido a ello la revolución fracasó en toda Italia.
Solo quedaba la República Romana, en manos del carbonario Garibaldi que estaba a merced de los ejércitos austríacos.
Entonces el Poder Oculto recurrió a una de sus estratagemas satánicas. Perdida por perdida la República Romana, que fuese Francia, la masónica, y no la católica Austria, quien restableciese la autoridad papal. Así una delegación encabezada por Luis Napoleón Bonaparte restauró a Pío IX en Roma, con ello no dejó de sacar provecho como relata Napoleón III en carta a Edgar Nay: "yo resumo así el restablecimiento del poder temporal del Papa: amnistía general, secularización de la administración, Código Napoleón y gobierno liberal".
La estratagema era hábil, "proteger" al Papa pero imponiéndole la ley. Dejar contentos a los católicos franceses "gesta Dei per francos" y asegurarse la intervención en los asuntos de Italia.

Evidentemente el Poder Oculto no había creado la dictadura de Napoleón para restablecer al Papa en Roma, el programa judío (unidad de Italia y Alemania) no podía ser realizado por los "pueblos".
La unificación alemana fracasó en el Parlamento de Francfort. La italiana por los ejércitos austríacos. Había que recurrir al brazo francés. Había que hacer la "gesta judaeis per francos". Esa fue la misión de Napoleón III.
Y Napoleón III procedió por etapas:

PRIMERO, contribuyó a debilitar a Rusia, aliándose con Turquía e Inglaterra y la guerra Crimea. Debilitar a Rusia era debilitar la Santa Alianza y hacer posible una guerra contra Austria que liberara Italia (Jacques Bainville en Historia de dos pueblos, pags. 164 y 1166). A Napoleón III se le exigía, sobre todo, liberar Italia (juramentos de carbonario). El atentado de Orsini fue un instrumento de la masonería italiana que recordaba por el asesinato dichos compromisos.

Según la Enciclopedia Espasa, tomo 37, pags. 1037/38, Las intrigas de Cavour, ministro del Rey de Cerdeña, Víctor Manuel II, terminaron por decidirlo pues era el rey en que el Poder Oculto había confiado para dirigir la política pro unión italiana y junto a él un hábil secretario y consejero, el judío Hartum, protegido por la Masonería, mediante los gobiernos francés e inglés (Conferencia de París que finalizó la guerra de Crimea), protegido de la finanza judía (empréstitos substanciosos de la casa Rothschild),
(Hugo Wast en Don Bosco y su tiempo, pag. 273).

Seis meses tras el atentado de Orsini, Napoleón III llama a Cavour para ponerse a disposición de la causa de la libertad italiana ... en la Conferencia de Plombières queda convenida la intervención francesa en la guerra contra Austria, a cambio de Niza y Saboya, del casamiento del príncipe Jerónimo Bonaparte con la hija de Víctor Manuel y de una concesión de zona de influencia piamontesa que el Piamonte sabrá impedir a su debido tiempo. Conseguido el apoyo francés, Cavour se hace declarar la guerra por Austria. Napoleón III con 180.000 soldados y bien financiado por la banca judía Pereira (ligada con su ministro Fould, según la Revue International des Societés Secretes, 15 abril 1936, pag. 254) va con su aliado (50.000 soldados).
Magenta y Solfernino sellan la victoria francopiamontesa.
Asutria cederá a Francia: Lombardía y Francia entrega al Piamonte al que se anexionan Parma, Módena, Florencia y Romania.

El Judaísmo había dado el primer paso hacia la liberación y unificación de Italia, sin dejar, de obtener provecho inmediato y como refiere el historiador judío León Sachar "dónde quiera que triunfaron esos héroes épicos se disipaba la oscuridad para los judíos".

SEGUNDO paso, primero en otra ambición: la unificación alemana, lo dio Prusia en 1866. Prusia e Italia se unen contra Austria.
Otro banquero judío: Bleichroder, financia los ejércitos prusianos (Revue Internationale des Societés Secretes, 15 abril 1936, pag. 254).
Francia con su gobierno masónico permanece neutral, y toda su prensa, en manos del Poder Oculto, se entusiasma a favor de Prusia: "la unidad de Alemania, como la de Italia, es el triunfo de la Revolución" (Siècle). "La Liberté" exigía que Francia se mantuviera fiel a una política del predominio en Europa de una Prusia protestante. Mientras L'Opinion Nationale expresaba el pensamiento masónico: "nosotros estamos por el aminoramiento de Austria, porque Austria es una potencia católica que debe ser suplantada por Prusia, baluarte del protestantismo en el centro de Europa. Luego, la misión de Prusia es protestantizar a Europa, como la misión de Italia es destruir el Pontificado Romano. He aquí las dos razones por las que queremos el engrandecimiento de Prusia e Italia"". (L'Opinion Nationale, julio 1866).

Bismarck se vanoglorió más tarde de haber alimentado ese entusiasmo con subsidios hábilmente distribuidos (Bainville e Ob. cit. pag. 169).

Piamonte y Prusia triunfaron, Piamonte se ensanchó con Venecia, y Prusia con Hannover, el Hesse electoral, Nassau, Francfort y los ducados dinamarqueses. Luego impuso tratados de alianza a Baviera, Wutemberg y Baden.

En la derrota Austria "se proclamó una nueva constitución, el Ausgleich, que llegó a ser la Carta Magna para las razas en minoría. Los judíos podían vivir ahora en cualquier lugar del país, podían optar a todos los puestos y, a veces, fueron admitidos hasta en la nobleza hereditaria" (Abraham Leon Sachar, ob. cit. pag. 381).

Mientras en Francia los traidores e imbéciles aplaudían: ¡Viva la unidad de Italia contra el Papa! ¡Viva la unidad de Alemania protestante! ¡Muera Austria católica!
El Judaísmo le iba trazando el destino que como nación también católica le había decretado, trágico destino cuyos jalones fueron las tres eses: Solferino, Sadowa y Sedán.


EL  DESTINO  DE  FRANCIA:
En 1870 el destino de Francia estaba sellado. Ya había cumplido la misión asignada por el Poder Oculto. Ya había criado los cuervos que le sacarían los ojos.
Por un sarcasmo del Judaísmo, el mismo año en que Francia vio realizados los ideales internacionales que le habían marcado el Poder Oculto y la Masonería, fue el año en que cayó bajo la bota de sus amados prusianos, ante el complaciente silencio de sus no menos amados italianos.

¿Porqué el Judaísmo decretó la caída de su peón francés? Porque pese a la Revolución, a Napoleón I, de Luis Felipe y Napoleón III, seguía siendo una nación católica. Las elecciones lo demostraban una y otra vez. Un imperio católico francés era INACEPTABLE para el Poder Oculto.
Se creó y favoreció dicho imperio mientras estuvo al servicio de designios internacionales, ajenos a Francia, realizado el ideal, el Imperio molestaba y podía volverse peligroso. Era preciso rebajar, humillar a Francia, imponerle desde fuera la ley masónica, en forma que no pudiera volver a levantar cabeza.

Prusia era protestante y el protestantismo, como decía la revista masónica alemana "Hatomia": "es la mitad de la Masonería[/B]". Y la otra mitad, la Masonería propiamente dicha estaba muy difundida en Alemania ("Bismarck está con nosotros enteramente" decía el masón general Etzel).
El propio Rey Guillermo era maśon. Comenta Sachar que "bajo su regencia los judíos estuvieron identificados con toda empresa importante" y también era judío Lasker el jefe de la mayoría liberal en el Reichstag.

Charles Goyau en su libro "La Idea de la Patria y el Humanitarismo" cuenta que se entregó a Francia en 1870, atada de pies y manos. La Masonería se opuso a la reorganización del ejército que pretendía el mariscal Niel y la Masonería francesa acogía con estúpida ternura la fundación de una logia alemana en París, cómo el "hermano" Brison iba a esta logia, la Concordia, a estrechar a sus "hermanos" alemanes y celebrar con ellos la supresión de las fronteras y la fraternidad universal. Durante este tiempo Alemania aumentaba incesantemente el poder de su ejército. El Poder Oculto hacía predicar el pacifismo y humanitarismo en Francia, por la Masonería francesa, en tanto, la Masonería alemana predicaba y difundía el patriotismo alemán.

La guerra estalló el 19 de julio, Bismarck se la hizo declarar (telegrama de Ems).
El imperio francés se derrumbó estrepitosamente y concluyó en Sedán como es bien conocido.
Lo no tan sabido es el porqué del derrumbe que declaran las revelaciones de Giers, ministro de Rusia en Estocolmo, hechas en 1872 y publicadas en 1874 en muchos diarios europeos, sin rectificación alguna de su autor:
"yo estaba entonces acreditado en Berna. Había en al ciudad una agencia perfectametne organizada, funcionando con una precisión prusiana, para las [b]informaciones concernientes a la distribución de las tropas francesas, sus desplazamientos, cantidad de municiones, víveres, etc. y mil indicaciones de las más ínfimas y detalladas, que franceses afiliados a la Masonería comunicaban a las logias, y cosa extraña, esos informes llegaban con rapidez prodigiosa, por despachos cifrados, a la agencia prusiana masónica en Berna
.
Estudié a fondo esta colosal organización para hacer una relación detallada a mi gobierno.
Es inverosímil ¿no es cierto? y sin embargo verdadero.
La nación francesa había sido condenada por la Alta Masonería Internacional, y ni mejor organización nacional, ni talentos estratégicos, ni el valor incontestable de las tropas, jamás habrían podido materialmente triunfar. Era una guerra de ciegos contra videntes
".

Todo está confirmado en un interesante trabajo "El papel de la Masonería en los acontecimientos de 1870" publicado en 1927 en la Revue Internationale des Societés Secretes (nº 4, pag. 773).

La traición del general Bazaino, las maquinaciones del coronel Magnan y otros hechos en apariencia inexplicables cobran así sentido, fueron traiciones masónicas.

Francia había caído, pero todavía, esta vez, a pesar de todo, el verdadero espíritu francés volvía a levantarse. En las elecciones de 1871, sobre 650 diputados, 400 son monárquicos. La Asamblea pide oraciones públicas por Francia en todas las iglesias y declara de utilidad pública la construcción de un templo en Montmartre. Se imponía una nueva y enérgica sanción contra la incorregible Francia. Estalló la revolución de la Comuna protegida por Bismarck y sostenida por la Masonería.
Un populacho guiado por los emisarios del Poder Oculto, asesina, saquea, incendia y destruye durante 73 trágicos días. Curioso y revelador detalle: "la casa de Rothschild fue respetada, mientras todas las demás fueron destruídas y/o saqueadas" (Hosmer en Historia de los Judíos, pag. 230. En realidad Rothschild poseía 145 propiedades en París y todas gozaron del mismo privilegio, lo que excluye cualquier casualidad).

El 26 de abril una manifestación de 10.000 masones encabezados por sus dignatarios y revestidos de sus insignias, llegan a las defensas de la ciudad y colocan 62 pendones masónicos. Luego se dirigen al Hotel de Ville para saludar al gobierno revolucionario. Un miembro de la Comuna, el "hermano" Tiriforque, declara que: "la Francia masónica ha comprendido que la Comuna sería la base de nuestras reformas sociales".
Otro "hermano" de la Comuna, Lefrancais dice que "estoy convencido, hace tiempo, de que el fin perseguido por la Masonería es el mismo que el de la Comuna".
El ciudadano Alix, compañero de los anteriores, añade que la Comuna de París pone en práctica en una nueva forma lo que la Masonería ha sostenido siempre.
Un "hermano de la Rosa escocesa" anuncia que "la Comuna, Nuevo Templo de Salomón, es la obra de los masones a la que deben consagrarse" (Fara, en la "Masonería y su Obra", pag. 80).

Si bien cae la Comuna vencida, sigue el carbonario Thiers al frente del Poder Ejecutivo.

En octubre de 1872 se realiza en Novara un conciliábulo masónico tendente a impedir la restauración. Félix Pyat representaba a Francia y el general Etzel a Prusia. Se decidió la instauración de la dictadura del judío masón Gambetta.
Hay dos fuerzas que empujan el acuerdo: la Masonería y Prusia.
Para que todo se cumpla, Gambetta recibe órdenes de Bismarck, parece inverosímil, pero es cierto.

El 1º de noviembre 1877 el Conde Herbert de Bismarck escribe al Conde Henckel de Donnesmark, gobernador de Alsacia y Lorena: "las relaciones que tenéis con Gambetta son de muy grande interés para mi padre, pero él no cree oportuno hacerle lelgar, aunque sea por vuestro intermediario, comunicaciones u órdenes" (cit. Delassus, ob. cit. T II, pg 605). Dos meses después llegarían esas órdenes y comenzó la guerra al clericalismo.

Las elecciones para constituir el Poder Legislativo constituyen un triunfo masónico, el secreto de este vuelco lo revela una fuente insospechada, el diario socialista "Le Citoyen": "los principales medios de influencia y de corrupción de Gambetta en Francia entera para hacer triunfar a los suyos en el escrutinio, se han basado sobre la acción de la Masonería, y en París especialmente sobre la administración de la Asistencia Pública. Un mes antes de la fecha del decreto de convocatoria de elecciones, todas las logias masónicas de Francia fueron llamadas a deliberar sobre la cuestión electoral.
Las que manifestaron alejamiento respecto a la política gambettiana no fueron convocadas; pero las de adhesión probada se convirtieron durante el período de elecciones, y lo siguen siendo aún, en centros permanentes de acción política en favor del oportunismo.
En cuanto a la Asistencia pública sabemos que sumas considerables han sido distribuidas bajo forma de socorros, para realizar la propaganda electoral en todos los barrios parisinos donde el gambettismo está en retirada
".

Triunfante la Masonería, el Presidente Mac Mahon se somete. En 1879 renuncia. Entonces se funda la Unión Republicana, que abarca desde el centro izquierda a la extrema izquierda, y declara tener un enemigo que combatir: el clericalismo, es decir, el
CATOLICISMO. La República masónica se había instalado, definitivamente, en Francia
.


CONSECUENCIAS  EN  EUROPA  DE  LA  CAÍDA  DE  FRANCIA
La principal y primera fue la realización del sueño dorado del Judaísmo: la pérdida del poder temporal del Papa.
La guerra con Prusia dio a Napoleón III la excusa para retirar la guarnición que tenía en Roma. Inmediatamente, las tropas de Víctor Manuel, al mando del canónigo apóstata Cardona, invadieron por tres partes el pequeño territorio que aún no se había arrebatado a la Iglesia y consumaron el sacrilegio el 20 de septiembre de 1870, así se consumaba al unidad de Italia.
Fue la mayor victoria judía de su siglo, y como tal fue celebrada.

En una generación, Ernesto Nathan, un judío, fue elegido alcalde de la Ciudad Eterna, y Luigi Luzzatti, también judío, se elevó a uno de los puestos más altos en el Estado, cuando se hizo cargo del Ministerio de Hacienda.
El judío Adriano Lemmi, Supremo Pontífice de la Masonería italiana, instaló la sede del Gran Oriente en el Palacio Borghese, morada del Papa Paulo V, e hizo construir las letrinas del Supremo Consejo sobre la Capilla dirigiendo el desagüe hacia el altar. (Margiotta, en Adriano Lemmi, pag. 250).

La segunda consecuencia de la caída de Francia fue la consumación de la unidad alemana bajo la hegemonía de Prusia. El 18 de enero de 1871 en la Sala de los espejos del Palacio de Versalles, se proclamó, solemnemente, la fundación del Imperio Alemán. Un año después se iniciaba la persecución del catolicismo o Kulturkampf, y los judíos ocuparon la primera línea en la batalla por lo que ese año Pío IX denunciase su influencia perniciosa en la sociedad.

Paralelamente en esas fechas el Poder Oculto también convulsionaba España. El masón general Prim, previo viaje a Pisa para recibir instrucciones de la secta, hizo sentarse en el trono de los Reyes Católicos a Amadeo de Saboya, también masón, hijo del sacrílego Víctor Manuel. En 1873, se proclamó la República con la presidencia del masón Figueras, al que siguieron los "hermanos" Pi y Margall, y Salmerón, para terminar en el judío Castelar.
Todo esto acompañado de:
- expulsión de los jesuítas,
- supresión de las Sociedad de San Vicente de Paúl,
- despojo de los bienes eclesiásticos,
- encarcelamiento de obispos,
- asesinato de sacerdotes, etc.

Al mismo tiempo, en el otro extremo de Europa, Rusia comenzaba a ser agitada por la propaganda anarquista y desde Londres, una sociedad secreta judía, financiada por el capitalismo judío, planeaban el asesinato del Zar Alejandro II, intentado en 1879 por el judío Gartmann y consumado dos años después por el polaco Grinevitsky
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Serie EL ANTICRISTO (6ª Parte) La Conquista de la Iglesia
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