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 Una Moral sin Pecado.

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onesimoredondo
CAMARADA CAMISA VIEJA
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MensajeTema: Una Moral sin Pecado.    Sáb 4 Oct - 21:16:56

UNA MORAL SIN PECADO

Por Arnaldo Vidigal Xavier da Silveira

Uno de los puntos fundamentales de la nueva Moral propugnada por los progresistas católicos consiste en la abolición de la idea de pecado. Según ellos, el hombre no debe estar sujeto a un código juridico de procedimientos que le prescriba: “Esto se puede hacer y aquello no”. Es necesario, dicen, sepultar para siempre eiertas nociones que el espiritu moderno ya no acepta: ocasión próxima de pecado, falta grave, infierno, pecador público, etc. Ya pasó el tiempo de las prohibiciones absolutas e inapelables, de la amenaza de penas eternas, de los tabús, de las sospechas y de la coerción.

Ahora bien, la verdad es que una Moral sin prohibición ni sanciones es la más completa inmoralidad. Si, por ejemplo, al ladrón no le estuviese prohibido robar por una ley objetiva y absoluta, y si no se le pudiera apresar y castigar en caso de que robe, el mundo se transformaria en el paraiso de los cacos. Y ¿qué sociedad subsistiria ante tal avalancha de hurtos?

En el II Congreso Católico Brasileño de Medicina, celebrado en San Pablo el año pasado, asistimos a numerosas manifestaciones de esa orientación fundamentalmente inmoral. Varios oradores defendieron la “apertura” de la Moral católica hacia el divorcio, la homosexualidad, el vicio solitario, la experiencia prematrimonial, las prácticas anticonceptivas de toda clase, incluso las más condenables.

Recientemente se han publicado los Anales del referido Congreso, en una voluminosa obra de casi mil páginas, titulada Católicos y Medicina, hoy. En ella encontramos abundante documentación sobre las más variadas desviaciones doctrinales de los progresistas, y constituye una prueba cabal de cuán fundadas y justas eran las criticas formuladas contra el II Congreso Católico Brasileño de Medicina inmediatamente después de celebrado.

No queremos hacer una apreciación bibliográfica de la obra y mucho menos un análisis de dicha reunión. Solo deseamos llamar la atenciön del lector hacia un pasaje especialmente grave, en que uno de los participantes defiende la nueva “Moral”.

Auspiciando la concesión de las pildoras anticonceptivas a la conciencia católica, el médico de Guanabara, doctor Olyntho Rezende, se manifiesta contrario a las “afirmaciones absolutas”, a la “intolerancia”, a la “rigidez” en materia de Moral matrimonial (p. 515). Dice que al médico cristiano y al confesor no les compete condenar el matrimonio “a una vida espiritual marginal, sin esperanza y sin Dios” (p. 515).

Tales afirmaciones no pueden dejar de causar perplejidad a un espiritu católico. ¿Qué hará el confesor ante los esposos que se nieguen a seguir las normas sagradas de la moral conyugal, sino negarles la absoluciön? ¿Cómo evitar que a tales personas se les nieguen los sacramentos, esto es, que sean —según la expresión capciosa del doctor Olyntho Rezende— “condenadas a una vida espiritual marginal” ?

Calificamos esa expresión de capciosa porque en realidad no es el confesor o el médico quienes caprichosamente —como la frase insinúa— condenan al pecador impenitente a apartarse de los Sacramentos, sino él mismo, que escoge el Camino del pecado; es Dios quien lo inculpa a través de la ley natural y de la ley revelada. El confesor, en el tribunal de la Penitencia, no hace mäs que aplicar las normas de Dios; y peca mortalmente también él si las infringe en materia como esa.

Pero el carácter capcioso de la afirmación del doctor Rezende resalta más en el inciso que afirma que el confesor no debe condenar al matrimonio a una vida espiritual “sin esperanza”. La hipótesis es absurda y demagógica. Nunca confesor alguno condenó a un penitente —por obstinado que fuese— a una situación desesperada. El más empedernido pecador tiene siempre la posibilidad de volver a la amistad de Dios. Puede y debe, siempre, tener esperanza. La gracia nunca dejará de invitarle a abandonar el pecado.

Entre lineas se ve lo que en realidad el doctor Rezende quiere decir: proponer que nunca el confesor niegue la absoluciön por pecados contra la santidad del acto matrimonial. Sugiere que, en materia de control de natalidad, todo —o prácticamente todo— sea permitido a los cónyuges. Esa, si, será una Moral sin “afirmaciones absolutas”, sin “intolerancia”, sin “rigidez”.

Que tal sea el verdadero pensamiento de dicho señor se ve claro por la defensa que hace de las prácticas anticonceptivas prohibidas por la Iglesia. Y, sobre todo, se percibe nitidamente en las siguientes palabras suyas: “Sacamos de Charbonneau: la moral conyugal debe ser enfocada de forma que no aparte a los matrimonios cristianos de la Iglesia, de los Sacramentos y de Dios” (p.515).

Según su lógica, él debiera decir que no solo en materia de vida conyugal la Moral nunca debe apartar a nadie de los Sacramentos, sino también en materia de negocios, de politica, de arte, de todo, en una palabra. Pues no hay razón alguna para afirmar que las relaciones matrimoniales constituyen un tema privilegiado dentro de la Moral, el único jardín cercado en el que el mal nunca puede penetrar.

iEs esto tambien lo que piensa el Padre Charbonneau? Quienn conozca sus obras no puede en este punto discrepar de la apreciación hecha por el doctor Olyntho Rezende. Además, no es dificil comprobar que coinciden en la misma desviación básica en materia moral los numerosos católicos, laicos o sacerdotes, que en nuestros dias van multiplicando con audacia creciente, de modo claro o velado, sus doctrinas disolventes. Nos duele decirlo; pero la misma salvaguardia de la moralidad publica exige que no nos escudemos en un silencio connivente ante los lobos que con piel de oveja, invaden el redil.

Fuente: Revista “Roma” N° 121, Pg. 50




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"Cada uno de nosotros tiene una visión del Bien y del Mal. Nosotros debemos animar a dirigirse a lo
que uno piensa que es el Bien". (Papa francisco)

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